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Introducción
La lista de los Doce
Tarea 1 Todo Israel, los Doce y los pobres. Jesús no ha desarrollado una teología de elegidos, propia de unas minorías de puros o limpios, sino que puso en marcha un movimiento universal, desde los más pobres. Casi todos los grupos israelitas de aquel tiempo (fariseos y esenios) se situaban en la línea del resto elegido, destacando elementos de resistencia y piedad que eran buenos, pero que podían volverse elitistas. En ese contexto, al centrarse en los excluidos del sistema, Jesús puso en marcha un movimiento que podía y debía abrirse a todos, desde Israel, y así lo hizo vinculando dos signos importantes de la historia israelita:
(1) El
signo de los Doce,
representantes de las Doce tribus de Jacob, portadoras de una esperanza
nacional que, en un segundo
momento, puede abrirse a todos los
pueblos (en la línea de Gen 12, 1-3). Los Doce arraigan el movimiento de Jesús en el Israel histórico, pero son un signo que se abre (con, como los pobres) a todos los hombres. No representan una a una a las Doce tribus de Jacob, pues la memoria concreta de algunas se había perdido, sino al conjunto de Israel, pueblo de la alianza, desde la perspectiva de los pobres. Ellos fueron una expresión viviente de la apertura a la totalidad de Israel y así los envío Jesús, para anunciar y preparar el Reino, pero perdieron pronto su importancia dentro de la Iglesia, no sólo por la traición de Judas, “uno de los Doce” (Mc 14, 43 par; Jn 6, 71), sino también porque ella, la Iglesia, no se estructuró como unión de Doce tribus, sino como pueblo universal a partir de la misión de los helenistas y del despliegue de la comunidad de Santiago, hermano del Señor, en Jerusalén (cf. Hech 5-7; 12-15). Sea como fuere, los Doce deben vincularse desde el principio con los itinerantes/pobres, es decir, con los rechazados de la alianza básica del pueblo de Israel (pues carecen de tierra y propiedades).
Nos
hallamos, sin duda, ante una paradoja. 2. La lista de los Doce
Los
nombres de los Doce, pueden dividirse en tres grupos (uno de cuatro, otro de
cinco y otro de tres). Los cuatro primeros son más conocidos, de los cinco
siguientes la tradición sinóptica no sabe casi nada. Los tres últimos, a
excepción de Judas Iscariote, pueden variar en el tiempo de Jesús, y más
probablemente después de la pascua, haya cambiado la identidad concreta de
alguno de los Doce. (a) Los cuatro primeros (Pedro y Andrés, Santiago y Juan: dos parejas de hermanos) son los más conocidos y aparecen vinculados en la tradición de Marcos; ellos aparecen al principio, llamados por Jesús, en especial, como pescadores para el reino (Mc 1, 16-20) y al final como destinatarios y testigos de su plenitud (Mc 13, 3-27). Parece evidente que en el fondo de ese grupo hay un recuerdo de historia: Jesús ha llamado a cuatro pescadores, que son signo de todos los hombres y mujeres que le siguen. Entre ellos destacan tres (los cuatro menos Andrés) que entran con Jesús en la casa del Archisinagogo (Mc 5, 37), que son testigos de la transfiguración pascual de Jesús (9, 2-13) y que acompañan y abandonan en el Huerto de los Olivos (Mc 14, 32-42). (b) Los cinco siguientes (Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago de Alfeo) aparecen también de forma constante en las cuatro listas, pero son menos conocidos. (c) Los tres últimos aparecen de dos formas: Marcos y Mateo incluyen a Tadeo, Simón Cananeo y Judas Iscariote. Por el contrario, Lucas (y Hech 1, 13, que no cita ya al Iscariote) incluyen a Simón Celota, Judas de Santiago y Judas Iscariote (el único común en ambos grupos). Es muy posible que “Simón”, al que Marcos y Mateo llaman “cananeo” y al que Lucas-Hechos llama “celota” sea el mismo, pues el sobrenombre semita “cananeo” puede equivaler al griego “celoso”, sea en la línea de Pablo (que es celoso/religioso, cf. Gal 1, 14), sea en la línea los celotas-guerreros de la guerra del 67-73 d. C.). El otro nombre varía en una lista y en otra: en un caso Tadeo (Marcos-Mateo), en otro es Judas el de Santiago (en Lucas-Hechos). Sería posible que los dos se identificaran, aunque parece preferible pensar que estamos ante personas distintas y que la misma lista de los Doce haya cambiado con el tiempo o según las tradiciones, como indican otras variantes de los manuscritos, que aquí no citamos. 3. Tarea de obispos, ¿tarea de todos los cristianos? a) Autoridad básica: “les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia”. No en enseñar, sino curar… (no son teólogos-maestros en la línea posterior), sino creadores de su humanidad. b) Autoridad provisional, israelita (tarea fracasada): "No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca” Los Doce, históricamente pertenecen a Israel, a la función y tarea israelita de Jesús. Son el signo de Jesús para el pueblo de Israel, un signo que aún no se ha cumplido (las “doce tribus de Israel” en su conjunto no han aceptado a los “doce mensajeros” de Jesús. c) Un camino humano, abierto a todos (no sólo al judío ni al cristiano). “Curad enfermos, lelvantad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis". Tienen que ir sólo a Israel, pero para cumplir una tarea radicalmente humana, no confesionalmente israelita (ni cristiana, en el sentido posterior de la palabra). Ésta la tarea de los Doce “israelitas” universales”: - curar, therapeuein. Son “terapeutas”, testigos y portadores de una humanidad “sanada”; no vienen a juzgar sino a “sanar”… No vienen ni si quiera a “perdonar”. Los hombres son seres enfermos (más que pecadores); por eso, lo primero es curarles. – levantar/resucitar a los muertos (egeirete). Los doce de Jesús son “levantadores”, pero no de piedras, ni de leyes, sino de hombres caídos (=muertos)… Ciertamente, el texto alude también a los “muertos finales” (enterrados), pero en un primer momento evoca (desde una perspectiva clásica israelita: cf. Ez 37) a los “muertos vivientes” de la tierra. El mundo está lleno de caídos, de aplastados. Los enviados de Jesús vienen a “levantarles”, para que puedan andar.
–limpiar
a los “leprosos”, es decir, a los manchados, expulsados de
la sociedad (katharitizete). Haced que todos sean limpios, dignos, llenos de
dignidad”. “Limpiar” es mucho más que perdonar en sentido sacramental: es
acoger, es ofrecer humanidad, camino y experiencia de amor a todos los que
van y vienen perdidos sobre el mundo. Conclusión. ¿Para esto se nombra a los obispos? En algún sentido los “doce” fracasaron… (no convirtieron a todo Israel)… pero su tarea continúa y se expande en la Iglesia, de un modo universal, pues todos los cristianos y en especial los obispos se consideran herederos de aquellos Doce primeros enviados de Jesús. ¿Son éstas las tareas de nuestros obispos? Los blogs más concurridos (y quizá los mejores) de religión digital se ocupan de la “política” de nombramiento de los obispos.
Hay en
especial algunas “sedes” que resultar “tabúes” y encienden todas las chispas
(San Sebastián, Barcelona, Bilbao…). Tienen los blogeros razones muy sabias,
en sintonía o distonía con nuncios y cardenales. Pero yo me pregunto:
¿tienen algo que ver sus candidatos y sus nombramientos con aquello que
quería Jesús?
curar ¿Forman parte de aquel programa de Jesús que les decía: gratis habéis recibido, dadlo gratis? Xabier Picaza Fuente:
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