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CONTEXTO
Leemos hoy el final del capítulo 4. Si no explicamos un poco de
qué va, da la sensación de tomar un tren en marcha sin saber de
dónde viene ni a dónde va.
35 Aquel día, caída la tarde, les dijo: - Crucemos al otro
lado.
36 Dejando a la multitud, se lo llevaron mientras estaba en la
barca,
aunque otras barcas estaban con él.
37 Entonces sobrevino un fuerte torbellino de viento;
las olas se abalanzaban contra la barca, y ya la barca se iba
llenando;
38 él se había puesto en la popa, sobre el cabezal, a dormir.
Lo despertaron y le dijeron: - Maestro, ¿no te importa que
perezcamos?
39 Una vez despierto, conminó al viento (y se lo dijo al mar):
- ¡Silencio, estate callado! Cesó el viento y sobrevino una gran
calma.
40 Él les dijo:- ¿Por qué sois cobardes? ¿Aún no tenéis fe?
41 Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros:
-¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?. (Mc
4, 35-41)
Después de enseñar en Cafarnaúm y sus alrededores, dejando bien
clara la reacción de los jefes religiosos, de los que le siguen
e incluso de sus familiares, narra Marcos en el cap.4 varias
parábolas y termina con el relato de la tempestad calmada, que
acabamos de leer. Se trata de un milagro muy complicado. Los
milagros, llamados de naturaleza, son los que menos visos tienen
de responder a hechos reales. Están tan cargados de simbolismos
que no es preciso que partan de un suceso concreto para
justificar la narración.
La Biblia utiliza varias palabras griegas para expresar lo que
nosotros denominamos milagro:
"thauma"
= maravilla,
"dynameis"
= portento,
"teras" = prodigio,
"semeion" = signo.
El concepto de
milagro que manejamos hoy, es relativamente reciente. No tiene
ningún sentido preguntarnos hoy si los evangelios nos hablan de
milagros (tal como los entendemos hoy), Pero tampoco tiene
sentido poner en duda que Jesús hizo milagros, (tal como lo
entendían entonces). Lo que nos importa hoy, es descubrir el
verdadero sentido de esa manera de hablar. El milagro era un
modo de expresarse, comprensible para todos los que vivían en
tiempos de Jesús.
Decía Evely: "Nuestros mayores creyeron a causa de los milagros,
nosotros creemos a pesar de ellos".
EXPLICACIÓN
El significado general del relato está en la apertura del
mensaje de Jesús a todas las gentes. Jesús pide a los discípulos
que vayan a la otra orilla. Ya tenemos el primer simbolismo.
Está haciendo referencia al paso del mar Rojo y la travesía del
desierto. Aquellos pasos, a pesar de los peligros que
supusieron, les llevaron a la tierra prometida. Están en el mar
de Galilea y la otra orilla era tierra de gentiles. Es una
invitación a la universalidad del mensaje, más allá del ámbito
Judío, que se opone a la apertura. La primera "tormenta" que se
desató en el seno de la primera comunidad cristiana, que nos
narra el NT, fue precisamente por el intento de apertura a los
paganos.
Al hablar de la tempestad, está haciendo referencia a Jonás. Por
cierto, también Jonás se echó a dormir cuando empezó la
tormenta, y también fue increpado por el capitán por estar
durmiendo mientras ellos estaban muertos de miedo. Por otra
parte, el mar es en la Biblia, símbolo del caos, lugar tenebroso
de constantes peligros. Dominar el mar era exclusivo de Dios.
Con estos elementos, podemos sacar la enseñanza simbólica. El
mensaje de Jesús tiene que llegar a todos los hombres, pero no
se conseguirá si no se abandona la falsa seguridad de pertenecer
a un pueblo elegido; y a través de constantes luchas con las
fuerzas del mal. Jesús manifiesta su poder sobre la tempestad
como símbolo del mal.
El verdadero mensaje del relato es la tranquilidad de Jesús en
medio de la tormenta. Mientras todos estaban muertos de miedo,
él dormía tranquilamente... Hay que tener en cuenta que se
llamaba también "cabezal" a la especie de almohada, donde se
colocaba la cabeza de un muerto. "Dormir" y "cabezal" están
haciendo clara referencia a una situación post-pascual. La
primera comunidad tiene claro que Jesús está con ellos pero de
una manera muy distinta a cuando vivía. Aunque no lo vean,
tienen que seguir confiando en él.
¿No te importa que nos hundamos? La necesidad extrema les obliga
a pedir ayuda a Jesús como último recurso. Las palabras que le
dirigen nos indican su estado de ánimo. No dudan que Jesús pueda
salvarlos, dudan que esté interesado en hacerlo, lo cual es el
colmo de la desconfianza. Es dudar de su amor. Esta actitud es
la que Jesús reprocha a los discípulos. Siguen necesitando de la
acción externa para encontrar la seguridad.
Increpó al viento y dijo al mar: ¡Cállate! Son las mismas
palabras que Jesús dirige a los espíritus inmundos cuando los
expulsa. Además en singular, como queriendo personalizar al
viento. Recordad que la palabra "ruah" (viento) es la misma que
significa espíritu. Viento que perjudica, equivale a mal
espíritu. El "poder" de Jesús se dirige contra la fuerza del
mal, no contra los elementos, que aunque sean hostiles, nunca
son malos.
¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe? No son preguntas,
sino constataciones de una evidencia palpable. Ni confiaban en
sí mismos ni confiaban en él. Aquí tenemos otra clave para la
reflexión. Confiar en un Dios que está fuera y actuará desde
allí, nos ha llevado siempre al callejón sin salida del
infantilismo religioso. Una vez más queda manifiesto que, en la
Biblia, la fe no es la aceptación de unas verdades teóricas,
sino la adhesión confiada a una persona. Jesús les acusa de no
confiar, ni en Dios ni en él.
¿Quién es este? El miedo y la pregunta final de los apóstoles,
deja bien a las claras que no habían entendido quién era Jesús.
El relato no tiene en cuenta varios títulos divinos aplicados a
Jesús, que Marcos ya había adelantado desde la primera línea de
su evangelio: "Orígenes de la buena noticia de Jesús, Mesías,
Hijo de Dios". Queda demostrado que no vale una respuesta
intelectual. Lo que es Jesús, no hay manera de mostrarlo ni
demostrarlo. El descubri¬miento tiene que ser experiencia
personal de la cercanía de Jesús.
APLICACIÓN
A todos nosotros nos invita hoy el evangelio a cruzar a la otra
orilla. Estamos tan seguros en nuestra orilla que no será fácil
que nos arriesguemos a cruzar el mar. Ni siquiera estamos
convencidos de que exista otra Orilla, más allá de las
comodidades y las seguridades que tenemos. Sin embargo, nuestra
meta está al otro lado del riesgo y del peligro. La falta de
confianza sigue siendo la causa de que no nos atrevamos a dar el
paso. No terminamos de creernos que Él va en nuestra propia
barca.
El verdadero mensaje de Jesús es que debemos confiar siempre,
aunque nos parezca que Dios se ha ausentado y no se preocupa de
nosotros. Para Jesús, el enemigo del ser humano no es la
naturaleza, sino una falsa visión de la misma. La naturaleza y
todas sus leyes son siempre buenas. No tiene sentido que Dios
tenga que rectificar su propia obra para hacer que los hombres
le descubran y confíen en Él. Flaco favor haría Jesús a sus
discípulos si accediera a entrar en la dinámica del dios que
pone su poder al servicio de los buenos. Jesús les habla de un
Dios que se identifica con ellos en todas las circunstancias.
El libro de Job planteó una cuestión muy seria, pero la solución
que le da, está muy lejos de ser la adecuada. Dios tiene que
devolver a Job todo lo que le había quitado para que su
fidelidad sea creíble. Ese Dios materialmente útil, sigue siendo
el poderoso que tratamos de poner a nuestro servicio. El Dios en
quien Jesús confió, no fue el que se manifiesta en acciones
espectaculares a favor de los buenos, sino el Dios escondido, en
quien hay que confiar aunque no lo veamos. Dios está siempre
dormido. Su silencio será siempre absoluto. Ni tiene palabras ni
tiene instrumentos para hacer ruido. Mientras no busquemos a
Dios en el silencio, nos encontraremos con un ídolo fabricado
por nosotros.
No son las acciones espectaculares de Dios, las que nos tienen
que llevar a confiar en Él. Cuando una persona dice: Yo creo
mucho en Dios porque me ha concedido todo lo que le he pedido,
estamos ante un autoengaño nefasto para la vida espiritual. El
maestro Eckhart decía que tomamos a Dios por una vaca de la que
podemos sacar leche y queso.
Pero también decía
que utilizamos a Dios como una vela para buscar algo; y cuando
lo encontramos, tiramos la vela. La idea de un Dios poderoso que
pone su poder a mi servicio si me porto bien, es nefasta para la
vida espiritual. No se trata de confiar en otro, si no de
confiar en que Él está más cerca de mí que yo mismo. Recordad lo
que hemos dicho sobre el ágape. Solo si nos sentimos embebidos
en Dios podremos sentirnos seguros.
*
Meditación-
contemplación
"¿Quién es este?"
Lo importante no es encontrar respuestas.
Lo verdaderamente importante es hacerte la pregunta adecuada.
La respuesta debe ser tu vida entera.
Lo que es Jesús, es lo que tú eres en el fondo.
Jesús ha desplegados sus posibilidades de ser.
Tú tienes esa tarea aún por hacer.
Sin ningún miedo tienes que bregar en esa dirección.
Desde la orilla de tu falso yo,
Debes embarcarte en la tarea de atravesar el mar.
Sin apegarte a la comodidad de lo ya adquirido,
debes lanzarte, si miedo, a la consecución de lo que ya eres,
pero no has descubierto y vivido.
Fray Marcos
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