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Es verdad que la Biblia dice que Dios hizo al hombre a su imagen
y semejanza, pero, en realidad, es el hombre el que está
fabricando a cada instante un Dios a su medida. Es verdad que
nunca podremos llegar a un concepto adecuado de lo que es Dios,
pero no es menos cierto que muchas ideas de Dios pueden y deben
ser superadas. Si ha cambiado nuestro conocimiento de la
realidad, y ha cambiado nuestra manera de entender al hombre,
será lógico que cambie también nuestra idea de Dios.
El Dios antropomórfico tiene que dejar paso a un Dios-Espíritu,
cada vez menos cosificado.
Decir que la Trinidad es un dogma o que es un misterio, no hace
más comprensible la formulación trinitaria. La verdad es que hoy
no nos dice casi nada, y menos aún las explicaciones que se han
dado a través de los siglos. Todas las teologías surgieron de
una elaboración racional que siempre se hace desde una filosofía
de la vida, determinada por un tiempo y una cultura. También la
primitiva teología cristiana se desarrolló en el marco de una
cultura y una filosofía, la griega. Pudo ser muy útil a través
de la historia, pero no tenemos por qué atarnos a ella y
negarnos a buscar otras maneras de comprender a Dios.
Cada día se nos hace más difícil la comprensión del misterio,
entre otras cosas porque no sabemos qué querían decir los que
elaboraron el dogma. Aplicar hoy a las tres personas de la
Trinidad la clásica definición de Boecio: "individua sustantia,
racionalis natura", es un poco ridícula, porque pretende aplicar
a Dios la individualidad y la racionalidad propia del hombre.
Dios no es un individuo, ni es una sustancia ni es una
naturaleza racional.
La mayor dificultad para hablar de Dios como tres personas, la
encontramos en el mismo concepto de 'persona', que lejos de ser
una constante a través de la historia, ha experimentado
sucesivos y profundos cambios de sentido.
Desde el "prosopon" griego, traducido al latín por "persona", y
que era en el origen la máscara que se ponían en el teatro para
que "resonara" la voz; pasó luego a significar el personaje que
se representaba. Al final terminó significando el individuo
físico.
El sentido moderno de persona, es el de yo individual,
conciencia subjetiva, es decir, el núcleo más íntimo del ser
humano. En la misma raíz del significado está la limitación.
Existe la persona porque existe la diferencia y por lo tanto la
separación. Esto es imposible aplicárselo a Dios.
En los últimos años se está hablando del ámbito transpersonal.
Creo que va a ser uno de los temas más apasionantes de los
próximos decenios. Si el hombre está anhelando lo transpersonal,
es ridículo seguir encasillando a Dios en un concepto personal,
que siempre supone la limitación del propio ser.
En realidad, siempre que nos atrevemos a decir Dios es...,
estamos expresando una idea, es decir, un ídolo. Seguimos
creyendo que ídolo es una escultura o una pintura de Dios, pero
también es un ídolo cualquier concepto que aplicamos a Dios.
El ateo sincero está más cerca del verdadero Dios, que los
teólogos que creen haberlo atrapado en sus intrincados
conceptos. Dios no es nada que podemos nombrar. El "soy el que
soy" del AT, tiene mucha más miga de lo que parece. Dios es solo
verbo, pero un verbo que no se conjuga, porque no tiene tiempos
ni modos. Dios ES un inmenso presente que lo llena todo. Dios es
la realidad que hace posible toda realidad creada. No tiene ni
puede tener nombre; por lo cual, tampoco se le puede aplicar
ningún adjetivo calificativo.
Hoy podemos comprender que Dios no se identifica con la
creación, pero tampoco es nada separado de ella. De la misma
manera que no podemos imaginar la Vida como algo separado del
ser que está vivo. No podemos imaginar lo divino separado de
todo ser creado, que, por el mero hecho de existir, está
traspasado de Dios. En los últimos tiempos muchos pensadores
llaman a esa conexión inextricable, "no dualidad".
Tampoco podemos decir que está donde actúa, porque tampoco puede
actuar de una manera causal a semejanza de las causas segundas.
La acción de Dios no podemos percibirla por los sentidos ni ser
objeto de ciencia. Dios es acto puro y lo que hace se identifica
con lo que es. Lo está haciendo todo de una vez, por lo tanto no
puede empezar a hacer algo o dejar de hacer lo que está
haciendo.
El Dios de Jesús no es el aliado de unos pocos que le caen en
"gracia". No es el Dios de los buenos, de los piadosos, de los
religiosos ni de los sabios, es el Dios de los excluidos y
marginados, de los enfermos y tarados; incluso de los
irreligiosos inmorales y ateos. Esta es una verdad que nos
cuesta mucho aceptar a "los buenos".
El evangelio no puede ser más claro al respecto: "las
prostitutas y los pecadores públicos os llevan la delantera en
el Reino de Dios. El Dios de Jesús no aporta nada a los buenos
que ya están salvados, pero llena de esperanza a los malos que
necesitan salva¬ción. "No tienen necesidad de médico los sanos
si no los enfermos; no he venido a llamar a los justos sino a
los pecadores".
El mensaje de Jesús escandalizó, porque hablaba de un Dios que
se da a todos sin que tengamos que merecerlo. Para todo el que
se cree bueno, eso es una muy mala noticia.
Para nosotros, es sobre todo la experiencia que Jesús tuvo de su
Abba, lo que nos debe orientar en nuestra búsqueda. Jesús no se
propuso inventar una nueva religión ni un nuevo Dios. Lo que
intentó con todas sus fuerzas, fue purificar la idea de Dios que
tenía el pueblo judío en su época. Ese esfuerzo le costó la
vida. Jesús en todo momento quiere dejar claro, que su Dios es
el mismo del AT. Eso sí, tan purificado y limpio de adherencias
idolátricas, que da la impresión de ser una realidad
completamente distinta.
La forma en que Jesús habla de Dios como amor-salvación para los
hombres se inspira directamente en su experiencia personal.
Naturalmen¬te esa vivencia no hubiera sido posible sin hacer
suyo el bagaje religioso heredado de la tradición bíblica. En
ella se encuentran ya claros chispazos de lo que iba ser la
revelación de Jesús. La experiencia básica de Jesús fue la
presencia de Dios en su propio ser. Descubrió que Dios lo era
todo para él y decidió corresponder siendo él mismo todo para
Dios. Tomó concien¬cia de la fidelidad de Dios y respondió
vitalmente a esta toma de concien¬cia. Al atreverse a llamar a
Dios "Abba", Jesús abre un horizonte completamente nuevo en las
relaciones con el absoluto. Descubrió el Absoluto, en cada una
de las criaturas, sobre todo en los oprimidos.
La base de toda experiencia religiosa reside en la condición de
criaturas. El hombre se descubre sustentado por la permanente
acción creadora de Dios. El modo finito de ser uno mismo,
demuestra que no se da a sí mismo la existencia, por lo tanto,
es más de Dios que de sí mismo. Sin Dios no sería posible
nuestra existencia. Él es el único verdadero y sólido fundamento
sin el cual, nada existe. El reconoci¬miento de nuestra
limitación es el camino para llegar a la experiencia de Dios.
Jesús descubre que el centro de su vida está en Dios. Pero eso
no quiere decir que tenga que salir de sí para encontrar su
centro. Descubrir a Dios como fundamento, es fuente de una
insospechada humanidad. La experiencia personal de Dios será el
camino para la manifestación de la más alta humanidad.
Esta idea de Dios supone un salto sobre la idea del AT. Allí
Dios era el Todopoderoso que hace un pacto al modo humano, y
observa desde su atalaya a los hombres para ver si cumplen o no
su "Alianza", y reacciona en consecuencia. Si la cumplen, los
ama y los premia, si no la cumplen, los reprueba y castiga.
En Jesús, Dios actúa de modo muy diferente. Él es don absoluto e
incondicional. Él es agape y se da totalmente. Es el hombre el
que tiene que reaccionar al descubrir lo que Dios es para él. La
fidelidad de Dios es lo primero y el verdadero fundamento de una
actitud humana.
En las últimas décadas, muchos científicos han dado un vuelco en
la manera de afrontar el problema de Dios. Del rechazo frontal
de los últimos siglos al dios teísta de la religión, se ha
pasado a la consideración de que la ciencia no lo explica todo.
A pesar de los logros, seguimos sin poder explicar el origen del
universo, la vida, la inteligencia, etc.
Pero sería completamente falso el creer que Dios está ahí porque
lo necesitamos para explicar la realidad. Precisamente porque no
necesitamos a Dios para cubrir nuestras necesidades materiales,
estamos hoy en mejores condiciones para encontrar al verdadero
Dios.
Dios no puede ser un "tú" en el mismo sentido que lo es otro ser
humano. Dios sería más bien la realidad que posibilita el
encuentro con un tú; es decir, sería como ese tú ilimitado que
se experimenta en todo encuentro humano con el otro. A Dios
nunca se le puede experimentar directa¬mente como tal tú, sin el
rodeo del encuentro con un tú humano.
No se trata pues, de evitar a toda costa el vocabulario teísta
(nos quedaríamos sin lenguaje sobre Dios), sino exponer con
suficiente claridad el carácter analógico de todo lenguaje sobre
Dios. Toda nuestra vida religiosa quedará afectada por estas
ideas que acabamos de exponer, desde la oración hasta la
esperanza en la vida futura.
Meditación-contemplación
La mejor pista nos la da Jesús: "yo y el Padre somos uno",
bien entendido que esto lo dijo como ser humano.
Jesús sigue siendo Jesús y Dios sigue siendo Dios,
pero toda diferencia ha desaparecido.
En su evangelio, Juan pone en boca de Jesús, una y otra vez: "Yo
soy..."
Es la definición que da Dios de sí mismo desde la zarza.
Lo que sustituye, en cada caso, a los puntos suspensivos no
tiene importancia.
Lo importante es que ha descubierto su ser.
Este es el único camino para conocer a Dios.
Descubrir que lo que Él es y lo que soy yo se identifican.
Solo si llego a descubrir lo que soy,
puedo llegar, no a conocer, sino a vivir lo que es Dios.
Fray Marcos
Publicado en: FE ADULTA
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