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Domingo 3 de junio - Solemnidad de la Santísima Trinidad  -Ciclo B-
Deuteronomio 4:32-34, 39-40    Romanos 8:14-17    Mateo 28:16-20  (pinchar cita para leer el texto)
 

Dios no quiere pasearse solo

Comentario de Juan Jáuregui Castelo
Publicado en el blog Espacio para el espíritu


Leí una interpretación del desierto que me hizo pensar en el Dios de mi fe. Para los árabes el desierto es el jardín de Alá. Allí donde no hay nada, ni animales ni personas, para que Alá “pueda pasearse en paz”.

 

Felizmente el Dios de mi fe es distinto. Le gusta pasearse a la fresca de la tarde charlando con Adán, símbolo de todos los hombres. A Dios le aburre pasearse solo. Prefiere la compañía de los hombres. Dios se hace presente allí donde están los hombres. Le encanta su compañía, por más que a veces, los hombres ni se enteren.

 

Los hombres no somos un estorbo para Dios. Somos su mejor compañía y sus mejores amigos. Si los hombres le dejamos solo, él espera. Y si tardamos mucho, él mismo nos va a buscar. Más bien pudiéramos decir que el desierto lo necesitamos nosotros a fin de alejarnos del exceso de ruidos, y así le podamos escuchar mejor a El.
 

El desierto es para los hombres que buscan. No para Dios que, prefiere pisar la hierba del jardín a la fastidiosa arena de las dunas.

 

Por eso, los hombres no nos retiramos al desierto para huir de Dios, sino de los hombres. Para encontrar un espacio donde despojarnos de nuestras falsas apariencias y poder disfrutar luego mejor de nuestro paseo vespertino con Dios. El jardín de Dios no es el desierto, sino la calle, la playa, la familia, el mundo del trabajo, el mundo de la sociedad. Dios se siente mejor estando con nosotros.
 

Y cuando sale a pasear y no nos encuentra, porque hemos huido o nos hemos escondido, él nos hará “sentir el ruido de sus pisadas”, y el grito de su voz que clama: “¿dónde estás?” Por mucho que juguemos al escondite, él dará con nosotros. Podremos escondernos.

 

Pero no podremos dejar de escuchar que él pregunta por nosotros. La cultura modernista, a partir de Nietsche, ha pretendido eliminar a Dios, como el gran peligro del hombre y de su libertad. ¿Y existe mayor libertad que pasearse tranquilamente al caer de la tarde por el jardín de la vida?


El Dios de mi fe no es un Dios solitario, ni un Dios cargado de guardaespaldas para que nadie se acerque a El. Es el Dios de la compañía, el Dios del Pueblo, el Dios de los sencillos que tratan de agarrarle de la mano o simplemente deja que la viejita enferma le toque la orla de su manto.


Es el Dios que reprende a los discípulos, porque se sienten molestos de que los niños se acerquen demasiado y le molesten. Por eso creo en mi Dios. Es maravilloso. Todo lo piensa al revés de nosotros. Todo lo valora de una manera diferente. Los niños difícilmente se acercan al que les pone mala cara. Los niños solo se aceran a uno cuando se sienten queridos y les dan confianza.


Le encanta encontrarse con los necesitados, y El mismo se hace indigente. Le encanta encontrarse con los malos, y El mismo les tiende la mano. Le encanta encontrarse con los pecadores, y El mismo les perdona. Siempre me habían hablado de un Dios lejano, perdido en no sé qué mundos.


Y al fin me di cuenta de que te tenía al lado. Que me conocías y pronunciabas mi nombre... Que me llamabas y me invitabas a pasear contigo.

 

               Juan Jáuregui Castelo                
         
                                  
 

Publicado en el Blog "Espacio para el espíritu"
http://blogs.periodistadigital.com/juan-jauregui.php/2012/05/30/dios-no-quiere-pasearse-solo
 

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