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CONTEXTO
Seguimos con el evangelio de Marcos que vamos a leer durante
todo este año. Es el primero que se escribió y tiene aún la
frescura de los comienzos. Es el más conciso. No tiene grandes
discursos de Jesús ni cuenta muchas parábolas. Le interesa sobre
todo la vida de Jesús. Su actitud vital para con los pobres y
oprimidos es la verdadera salvación. Las curaciones y la
expulsión de demonios, entendidos como liberación, son la clave
para comprender el verdadero mensaje de salvación de este
evangelio.
EXPLICACIÓN
El versículo 15 es un denso resumen de todo el escrito, y nos
marca la perspectiva desde la que hay que mirar el resto del
evangelio.
“Cuando arrestaron a Juan”. Quiere resaltar el
evangelista que Jesús va a continuar la tarea del Bautista, pero
a la vez, deja clara la diferencia.
Una vez más tenemos que advertir que los datos cronológicos no
tienen importancia en la elaboración de un “evangelio”. En el
evangelio de Juan, después de haber narrado las relaciones de
Jesús con Juan y el seguimiento de los primeros discípulos,
después de contarnos la boda en Caná, la purificación del templo
y el encuentro con Nicodemo, nos dice que Jesús fue con sus
discípulos a la región de Judea y bautizaba allí, a la vez que
Juan estaba también bautizando en otro lugar. Dice expresamente:
esto ocurrió antes de que Juan fuese encarcelado
“Llegó Jesús a Galilea”. Está claro que el evangelista
quiere desligar la predicación de Jesús de toda connotación
oficial. Lejos de las autoridades religiosas, lejos del templo y
de todo lo que significaba ambas cosas. Galilea era tierra
fronteriza y en gran parte habitada por gentiles. Esto para un
judío era, de entrada, una descalificación.
“Se puso a proclamar la “buena noticia” de parte de
Dios”. Había empezado él su evangelio diciendo que se trataba de
exponer los orígenes de la “buena noticia de Jesús”. Estos
textos son los que dieron origen a la palabra “evangelio”, cuyo
género literario se inaugura con el escrito de Marcos. Jesús no
espera, como Juan, a que la gente venga a él.
“Se ha cumplido (colmado) el kairos”. En la fiesta de Año
Nuevo, hablamos del significado de “Cronos” y “kairos”. Aquí el
texto dice ‘kairos’, es decir, se trata del tiempo oportuno para
hacer algo definitivo. No es que algún cronos sea especial.
Cualquier cronos lo podemos convertir en kairos si nuestra
actitud vital es adecuada. El texto nos está recordando que todo
los Kairos se han concentrado en el que ahora está presente.
“Está apareciendo el Reino de Dios”. Esta expresión es la
clave de toda la predicación de Jesús. Hemos hablado cientos de
veces del Reino. No se trata de que Dios reine. Se trata de que
Dios se haga presente entre nosotros, gracias a las actitudes de
los seres humanos. Jesús hace presente ese Reino, que es Dios,
porque sus relaciones con los demás, basadas en el amor y la
entrega, hacen surgir en cada instante a Dios. Dios es amor, de
modo que está allí donde exista una verdadera empatía y
compasión. Ese Reino está ya presente en Jesús que fue capaz de
hacer presente a Dios, amando. No es una promesa de futuro, sino
una realidad presente que hay que vivir.
“¡Cambiad de mentalidad!” La traducción oficinal,
“convertíos”, no expresa bien el sentido del texto, porque
nosotros hemos inventado un concepto de conversión que no está
en el original griego. Para nosotros convertirse es salir de una
situación de pecado. En cambio lo que pide Jesús es una manera
nueva de ver la realidad que no tiene por qué partir de una
situación depravada. Es más, el cambio se exige como actitud que
no debe abandonarse nunca.
“Metanoeite” significa cambia de rumbo, cambia de mentalidad, no
significa hacer penitencia, ni torturarse el espíritu por
descubrir que hemos mantenido actitudes que nos deterioran como
seres humanos. La llamada de los discípulos a continuación les
obliga a hacer su personal cambio de rumbo (metanoya): “Dejan la
barca y a su padre y le siguieron”.
Aquí debemos hacer todos, un serio examen de conciencia. Cuántas
veces hemos descubierto nuestros fallos y nos hemos conformado
con ir a confesarlos, incluso cumpliendo una “penitencia”, pero
no hemos cambiado el rumbo. ¿De qué puede servir toda esa
parafernalia, si continuamos con la misma actitud?
“Tened confianza en la buena noticia”. La traducción
oficial del griego “pisteuete” nos puede llevar a engaño. No se
trata de creer la noticia, sino de confiar en que es buena
noticia para nosotros. Tanto en el AT como en el nuevo, la fe no
es el asentimiento a unas verdades, sino la confianza en una
persona. Si la buena noticia que Jesús predica, viene de parte
de Dios, podemos tener confianza plena en que es buena.
También debemos recordar que, por extraño que parezca,
“euangelio” no significa “evangelio”. Nosotros hemos colocado
detrás de la palabra evangelio, un concepto muy concreto y
preciso. Evangelio = uno de los escritos de las primeras
comunidades donde intentan expresar lo que Jesús vivió y
predicó. Hemos caído en un monumental fraude. Hemos confundido
el estuche con la joya que debía contener. Aquí
“euangelio” significa esa estupenda noticia que Jesús descubrió
y nos comunicó de parte de Dios.
Con relación a la llamada de dos parejas de hermanos, sólo
señalar, que no podemos armonizarla con lo que el domingo pasado
nos contaba el evangelio de Juan. Una prueba más de que para
ellos lo importante no es cómo y cuándo sucedió, sino el mensaje
que ese suceso puede aportarnos.
A la llamada de Jesús que acabamos de comentar, corresponden las
primeras respuestas personales, de parte de unos simples
pescadores sin preparación alguna, que se fiaron de Jesús.
Es muy significativo que desde el primer instante de su andadura
pública, Jesús cuenta con personas que le siguen de cerca y
están dispuestas a compartir con él su manera de entender la
vida. La comunidad, por muy reducida que sea es clave para poder
emprender una vida cristiana. Más tarde nos dirá: “Donde dos o
más están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de
ellos.”
APLICACIÓN
El ser humano tiene que ir aprendiendo a base de continuos
errores y rectificaciones. Darse cuenta de que hemos emprendido
un camino equivocado es la única manera de evitarlo e intentar
acertar con el verdadero. Cada vez que rechazamos un camino
falso, nos estamos acercando al verdadero.
Todos tenemos que convertirnos porque todos estamos
haciéndonos. Convertirse es rectificar la dirección de mi
existencia para que se acerque cada vez más a la meta. Pecado en
el AT era errar en el blanco. Da por supuesto que intentas dar
en el blanco, pero te has desviado. Somos flechas disparadas que
tienden a desviarse del blanco y que constantemente tienen que
estar contrarrestando esas fuerzas que nos distorsionan, para
seguir en la verdadera dirección.
Convertirse no es abandonar el mal por el bien, porque el mal y
el bien en el ser humano, no se pueden separar nunca del todo.
Para el maniqueísmo está todo demasiado claro: son realidades
distintas que deben estar separadas. Nunca hemos superado esa
tentación. La realidad es muy distinta: ni el bien ni el mal se
pueden dar químicamente puros. Siempre que trazamos una línea
divisoria entre el bien y el mal, nos estamos equivocando. Lo
que llamamos mal no tiene entidad propia, es solo ausencia de
bien.
El mal (ausencia de perfección) no es un accidente, sino que
pertenece a la misma estructura del hombre. Sin esa limitación,
que hace posible el error, pero que también hace posible el
crecimiento, no habría persona humana. La hondura del misterio
del mal está precisamente ahí. Del mismo mal surge el bien, y el
mal acompaña siempre al bien.
Con frecuencia necesitamos la advertencia de alguien que nos
saque del error en que estamos. Aún con la mejor voluntad,
podemos estar equivocados. Las mayores barbaridades de la
historia se hicieron en nombre de Dios por personas buenas.
Cruzadas, quema de herejes, caza de brujas, etc. etc. En nombre
del bien, ¡cuánto mal!
En nuestro caminar hacia la meta, siempre estaremos necesitados
de rectificar la dirección. Constantemente estamos emprendiendo
sendas equivocadas que tenemos que abandonar. Tenemos que
aprender de los errores. Como seres humanos, no tenemos otra
manera de progresar.
Hoy estamos en condiciones de entender que la llamada no viene
de fuera, sino de lo hondo de nuestro ser, que anhela la
plenitud a la que está llamado. La conversión no puede ser un
hecho aislado, sino una actitud consecuencia de un
descubrimiento en la persona de Jesús, de lo que significa ser
hombre en plenitud.
Ni el estar bautizado, ni ser creyente, ni ser practicante, es
suficiente. La conversión es entrar en un proceso que debe durar
toda la vida.
Sin un cambio en la estructura interior de la persona, nunca se
producirá el cambio en la sociedad que todos esperamos.
Meditación-contemplación
“Cambiad de mentalidad y confiad en la increíble noticia”.
Jesús nos ha revelado quién es Dios.
Lo que nos ha dicho es increíble, pero cierto.
Dios es amor, don total, absoluto y eterno.
Jesús me invita a experimentar esta realidad.
Seguirle es entrar en la misma relación con Dios que él mantuvo.
Vivir la presencia en mi propio ser
de un Dios que se me da y es todo para mí.
Ese descubrimiento me hará cambiar mi mentalidad.
Desde el momento, y en la medida que lo experimente,
mi relación con Dios, con los demás y con el mundo,
habrá trasformado mi existencia.
Fray Marcos
Publicado en: Fe Adulta
http://feadulta.com/Ev-MR_B_10-TO3.htm
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