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Como estamos ya a las puertas de la Navidad, vamos a hacer una
introducción general para todo este tiempo litúrgico. La mayoría
de los textos que vamos a leer estos días, están tomados de lo
que los exegetas llaman “evangelio de la infancia” de Mateo y
Lucas. Es muy importante que tomemos conciencia del sentido no
histórico ni científico de estos textos.
El anuncio del nacimiento de un hijo de dios, el
nacimiento de una madre virgen, el nacimiento en una
gruta, los pastores adorando al niño, el intento de matar
al niño, la huída después de un aviso, la muerte de los
inocentes, el anuncio por medio de una estrella, la
adoración de unos magos, etc.; todos son relatos míticos
ancestrales en las culturas del entorno. Ninguno es original del
cristianismo. Lo original es la profunda verdad teológica que
se esconde detrás de su escalofriante sencillez.
El decir “mítico” no quiere decir “mentira”. Este es el primer
error a superar. El mito es un relato que intenta desvelar una
verdad radical que atañe al hombre entero, y que no se puede
explicar por medio de discursos científicos.
Al decir que estos relatos son míticos, no estamos devaluando su
contenido, sino todo lo contrario; nos estamos obligando a
descubrir el significado profundo y vital que para el ser humano
tienen. Lo nefasto es considerarlo como crónicas de sucesos sin
mayor alcance vital. Una vez más se hace cierto el proverbio:
Cuando el sabio apunta a la luna, el necio se queda mirando al
dedo.
Todo esto lo ha descubierto la exégesis hace muchas décadas. No
acabo de comprender por qué existe tanto miedo a que el pueblo
conozca la verdad. ¿No nos dice el mismo Jesús que la verdad os
hará libres? ¿O es que lo que nos asusta es esa libertad?
Es verdad que la explicación del sentido profundo de estos
textos no es sencilla, pero es precisamente esa dificultad la
que debería espolearnos. He visto a la gente abrir ojos como
platos cuando han comprendido la profundidad del mensaje.
En las lecturas de hoy destaca el contraste entre la actitud de
David, que después de hacerse un palacio, decide hacer un favor
a Dios, construyéndole un templo para que habite; y la actitud
de María que ve sólo la gratuidad de Dios para con ella. La
humildad de María hace posible el acercamiento a Dios. La
soberbia de David, aleja de Él.
La lección es clara: nosotros no podemos hacer nada por Dios, es
Él, el que lo hace todo por nosotros. Ni siquiera tenemos que
comprar su voluntad a partir de sacrificios y oraciones. Él se
nos da totalmente antes de que nosotros hayamos llegado a ser.
El texto evangélico que acabamos de leer, es uno de los más
densos y ricos del Nuevo Testamento. El mayor peligro que nos
acecha al considerar estos relatos como crónica de sucesos, es
que esperamos que Dios actúe de esa misma manera con nosotros.
Lo que Lucas nos propone, es una teología de la encarnación
entendida desde el Antiguo Testamento. Casi todas las palabras
del relato hacen referencia a situaciones del AT. El evangelista
acaba de narrar la concepción de Juan, que tiene como modelo la
de Isaac. Para el relato de la concepción de Jesús, Lucas toma
como modelo la creación de Adán. Como Adán, Jesús nace de Dios
mismo, sin intermediarios; y como él va a ser el comienzo de una
nueva humanidad. No es uno más de los grandes personajes
de la historia de Israel. Esta es la clave de todo el relato.
“Ángel” (=mensajero) no tiene, en el AT, la misma
connotación que tiene para nosotros. No debemos pensar en esos
seres al servicio de Dios, sino en la presencia de Dios de una
manera humana para que el hombre pueda soportarla.
Nazaret no es nombrado en todo el AT; es algo
completamente nuevo. Galilea era la provincia alejada del
centro de la religiosidad oficial, que era Judea y el templo.
Quiere decir que la intervención divina en Jesús rompe con el
pasado y va a constituir una auténtica novedad. Lejos del templo
y los ambientes oficiales.
La escena se va a desarrollar en una casa sencilla de un
pueblecito desconocido. “a una virgen”. Ninguna persona
ligada a la institución, sino una doncella completamente
anónima. Ni tiene ascendencia ni cualidad alguna excepcional. De
los padres de Juan acaba de hacer grandes elogios, de María,
ninguno.
Virgen no debemos entenderla según nuestro concepto actual.
Alude a la absoluta fidelidad a Dios, por oposición a la imagen
del pueblo rebelde, tantas veces representado por los profetas
como la adúltera o prostituta. María representa al pueblo
humilde, sin relieve social alguno, pero fiel.
“Alégrate, agraciada, el Señor está de tu parte”. Alusión
también a los profetas: “Alégrate hija de Sión, canta de júbilo,
hija de Jerusalén”.Es un saludo de alegría en ambiente de
salvación. Cercanía de Dios a los israelitas fieles. Dios se ha
volcado sobre ella con su favor.
La traducción oficial, “llena de gracia”, nos despista, porque
el concepto que nosotros ponemos detrás de la palabra “gracia”,
se inventó muchos siglos después. No se trata de la gracia, (un
ser divino que hace al hombre hijo de Dios y heredero del cielo)
sino de afirmar que María le ha caído en gracia a Dios.
Al contrario que en Mateo, José, descendiente de David, no tiene
papel alguno en el plan de salvación anunciado en Lucas. María
misma impondrá el nombre a Jesús (=Salvador). No será hijo de
David, sino del Altísimo.
Ser Hijo, en el relato mítico, no significa generación
biológica, sino heredar la manera de ser del padre, y tener por
modelo al Padre. No será David ni cualquier otro ser humano, el
modelo para Jesús, sino Dios. Jesús no puede tener padre humano,
porque en ese caso tendría la obligación de obedecerle e
imitarle.
El Espíritu Santo y la fuerza del Altísimo son lo mismo.
Cubrir con su sombra hace referencia a la gloria de Dios que en
el relato del Génesis se representaba por una nube que era signo
de la presencia activa de Dios.
Santo = “Consagrado”, “Hijo de Dios”, son designaciones
mesiánicas. Son títulos que no podemos interpretar como
afirmación de la divinidad de Jesús. ‘Consagrado’ hace
referencia siempre a una misión. El rey ungido era desde ese
instante considerado, hijo de Dios.
El relato no hace ningún hincapié en el aspecto biológico porque
no tiene importancia ninguna.
Lo divino que se manifiesta en Jesús, se da en su humanidad
gracias a una consagración, que es obra del Espíritu. El
Espíritu no actúa sobre el cuerpo, sino sobre el ser de Jesús,
dándole su calidad divina.
“De la carne nace carne, del Espíritu nace Espíritu”, dice el
evangelio de Juan. No es la carne de Jesús la que procede del
Espíritu, sino su verdadero ser. “El Espíritu es el que da Vida,
la carne no vale para nada”, dice el mismo evangelio.
Claro que Jesús ‘fue engendrado’ por obra del Espíritu Santo,
pero de un modo mucho más profundo de lo que pensamos.
“Aquí esta la esclava del Señor”. ¡Cuándo nos
convenceremos de que la encarnación de Dios no depende de la
perfección de la persona en que se encarna! Se ha insistido
tanto en los privilegios de María como preparación para la
encarnación, que hemos convertido en impensable la encarnación
de Dios en alguien, que no sea perfecto.
Pablo nos habla del misterio escondido y revelado. El misterio
mantenido en secreto por generaciones, es que Dios es
encarnación. Dios salva pero desde dentro de cada persona,
no desde fuera con actos espectaculares ni siquiera con la
muerte de su propio Hijo.
La buena noticia es una salvación que alcanza a todos los
hombres. Misterio que está ahí desde siempre, pero que muy pocos
descubren. No es que Dios realice la salvación en un momento
determinado, Dios no tiene momentos. Jesús lo vive en el tiempo
y nos lo comunica.
Fijaros como cambia el concepto de Dios para el evangelista. El
Dios que a través de todo el AT se manifiesta como el poderoso,
el invencible, el dador de la muerte y la vida, pide ahora el
consentimiento a una humilde muchacha para llevar a cabo la
oferta más extraordinaria en favor de los hombres. Ese
formidable cambio de la manera de concebir a Dios no siempre lo
hemos comprendido los cristianos.
Una y otra vez, hemos querido volver al Júpiter tonante, que
está a nuestro favor y en contra de nuestros enemigos si
cumplimos su voluntad; pero que no dudará en estar contra
nosotros si le fallamos.
No queremos comprender que Dios se hace presente en los
acontecimientos más sencillos. Seguimos esperando portentos y
milagros en los que se manifieste el dios que nos hemos
fabricado. Ningún acontecimiento espectacular hace por sí mismo,
presente al verdadero Dios. Al contrario en cualquier
acontecimiento por sencillo que sea, podemos descubrirlo.
Somos nosotros los que ponemos a Dios allí donde lo vemos.
Pascal dijo: “Toda religión que no predique un Dios escondido,
es falsa”. Los budistas repiten: “Si te encuentras al Buda,
mátalo”. Todo dios que percibimos viniendo de fuera, es un
ídolo.
La presencia de Dios en la persona de Jesús, sigue siendo un
misterio para nosotros porque no acabamos de dar el salto hacia
el Dios que él manifiesta. El Dios de Jesús es un Dios
“nadapoderoso” que está absolutamente a nuestro servicio. Solo
de nosotros depende, que lo descubramos y lo hagamos visible o
que permanezca oculto.
Meditación-contemplación
“Hágase en mí según tu palabra”.
La absoluta disponibilidad de María es una de las claves del
mensaje.
Dejar hacer a Dios es lo mismo que descubrir lo que está
haciendo.
Él lo está haciendo todo en cada instante.
Descubrir esta presencia activa,
es la esencia de toda vida espiritual auténtica.
No tienes que hacer nada ni conseguir nada.
En ti está ya la plenitud, que quieres alcanzar.
Si la energía de Dios no te ilumina,
es que tienes el interruptor en “off”.
Si la fuerza del Espíritu no te atraviesa,
es que tienes colocada una coraza.
Fray Marcos
Publicado en: Fe Adulta
http://feadulta.com/Ev-MR_B_04-4A.htm
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