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La separación entre lo sagrado y lo profano
Constituido [el modelo sacerdotal] en el siglo XVII, tendió a
exasperar la separación entre el clero y el pueblo. Se
multiplicaron los signos visibles de la separación: ropa
diferente, casa aislada, no participación de los padres
en el trabajo manual, en el comercio, en las actividades
profanas. El padre se reserva exclusivamente para
actividades sagradas. El lenguaje es propio.
El padre no puede aparecer en los lugares públicos de
encuentro de personas: teatros, estadios, circos, lugares de
diversión, playas y cines. No puede ver espectáculos profanos.
Su conversación debe ser muy reservada. En la propia iglesia
todo muestra la separación: Hay un espacio reservado para el
padre y otro para el pueblo, y nadie puede pasar la
frontera, a no ser por absoluta necesidad, por ejemplo, el
sacristán o las encargadas de la limpieza. El confesionario es
un modelo de esta separación. El padre y el penitente ni
siquiera pueden mirarse y reconocerse. La distancia es total. No
es diálogo entre las personas, sino diálogo entre pecado y
absolución. El pecado entra por un lado y la absolución sale por
el otro.
¿Cuál es la razón de ser de tal separación? Si consultamos los
libros de espiritualidad sacerdotal del siglo XVII no hay duda:
se trata de la separación entre lo sagrado y lo profano,
exactamente lo que Jesús vino a suprimir. El padre es el
hombre de lo sagrado: su dominio es el mundo sagrado, el
edificio del templo, el lugar de administración de los
sacramentos. Su mundo es poblado de objetos sagrados: el
material de los sacramentos, las imágenes, los libros sagrados.
Su trabajo es el sacrificio. La misa es vista en la línea de los
sacrificios del Antiguo Testamento. El padre es aquel
cuyo trabajo consiste en celebrar la misa.
Lo que él hace son misas. El cardenal que me ordenó dijo un día
en un retiro sacerdotal: si el padre celebra la misa y
reza el breviario, cumplió su obligación. De hecho su sacerdocio
consiste es esto: mantener las funciones sagradas. El resto es
facultativo, y puede ser peligroso. No lo constituye como
sacerdote.
Estas actividades sacerdotales son totalmente inaccesibles a los
laicos. Ellas marcan una separación radical. Son dos modos de
vida totalmente separados, pues entre lo profano y lo sagrado no
hay comunicación.
Durante tres siglos se construyó un edificio destinado a
consolidar y garantizar el aislamiento del sacerdote, que era el
ideal que debía ser preservado de cualquier manera. Había la
teología del sacramento del Orden. Metafísicamente sacerdote y
laico eran dos realidades diferentes. En su ser metafísico el
sacerdote era diferente del laico. Esta separación metafísica
debía tener sus aplicaciones en la práctica.
La preparación para el sacerdocio tenía por finalidad separar al
sacerdote del mundo exterior. El candidato al sacerdocio
aprendía la filosofía y la teología escolásticas, que eran
incomprensibles para las personas de afuera, y lo tornaban
incapaz de entender los pensamientos de los otros. Los estudios
levantaban una barrera que impedía cualquier comunicación. El
padre no podía dialogar, él debía sólo enunciar la verdad de
la cual era depositario, suponiendo que los otros entendiesen.
Así fueron los misioneros de la Colonia: enseñaban en portugués
a los indios que no los podían entender, para explicarles que
debían someterse a los soldados del rey que era el Gran Maestro
de la Orden de Cristo y tenia delegación del Papa para
imponerles sus órdenes.
Los seminarios eran hechos para aislar. Eran como un monasterio
autosuficiente. Los alumnos no tenían necesidad de salir. Tenían
todo en la casa. Estaban bien protegidos contra cualquier
contacto mundano que los pudiese contaminar.
La Ley del celibato
Además de eso, fue aplicada la ley del celibato. En los orígenes
la razón del celibato es lo sagrado. Siendo el padre
reservado para las funciones sagradas no puede contaminarse con
actos sexuales. Esta fue la razón primitiva, y ella permanece
hasta hoy, aunque hayan sido agregadas otras motivaciones. La
base es la oposición entre sexo y sagrado. De esta manera la
separación entre clérigo y laico es mayor todavía. Pues el
celibato separa de manera simbólica muy fuerte. Separa de todas
las mujeres y separa de los hombres casados. Para muchos pueblos
la entrada en el mundo de los adultos es el matrimonio. Sin el
matrimonio el sacerdote permanece fuera del mundo. Es lo que se
pretende fortalecer.
Además de eso, el celibato da a los sacerdotes un sentimiento de
superioridad moral notable. Debido a que son célibes, los
padres se sienten más santos, más heroicos, moralmente
superiores, lo que les atribuye una autoridad moral para definir
los valores morales en todos los asuntos. El celibato es como la
barrera que separa a los santos de los pecadores. Si el padre
se reconoce pecador, es como señal de humildad, es una prueba
más de su superioridad moral. No es el caso de los laicos, que
son pecadores por esencia.
De ahí la convicción en el mundo popular que el matrimonio es
sinónimo de pecado. Por esto los sacerdotes no se casan, cree el
pueblo simple. En cuanto a los laicos, ya que son pecadores, por
definición, el matrimonio es permitido, pero no deja de ser
pecado también, un pecado tolerado. Esta convicción todavía
puede encontrarse en el mundo popular. Los padres no
pueden casarse porque no puede pecar. Ellos deben ser santos.
Todo esto concuerda plenamente con el modelo de sacerdocio que
se pretendió inculcar en el siglo XVII. Sin embargo, una vez que
nacen dudas respecto a la relevancia histórica de este modelo,
todo comienza a ser cuestionado. De ahí que el sentimiento de
pérdida de identidad del sacerdote se ha convertido en un
problema permanente en la Iglesia de hoy.
José Comblin
Publicado en
LAMIARRITA.BLOGSPOT
http://lamiarrita3.blogspot.com.es/2012/05/el-modelo-sacerdotal.html
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