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El cambio religioso como oportunidad

 para el despertar espiritual.


«Todo lo que ocurre es una oportunidad para algo, y en el mundo religioso hablar de oportunidad es hablar de los signos de los tiempos, hablar de algún movimiento del Espíritu que nos conduce a algún lugar”.

¿Qué nos quiere decir el Espíritu con este cambio religioso? ¿Quejarnos del “laicismo que nos invade”, como dicen algunos, del “laicismo agresivo” que dicen otros, del “relativismo” que constituye “nuestro mayor enemigo”?»

 

Un artículo de Enrique Martínez Lozano
 


Cambio religioso y espiritualidad


…en la postmodernidad, todo se concibe como una gran red en la que todo está interrelacionado con todo. Y ¿cómo estamos hoy en nuestro contexto cultural en relación con la religión y la espiritualidad?

Por un lado, todavía hoy, seguimos arrastrando aquel viejo contencioso entre la religión y la modernidad. Para entenderlo, hay un dicho que lo ejemplifica bien, cuando dice que “al tirar el agua sucia de la bañera, tened cuidado en no tirar también al bebé”. Pues eso ocurre entre nosotros hoy.

La religión, como sabe que tiene un “bebé valioso”, dice “no vamos a cambiar el agua de la bañera, no vaya a ser que perdamos el bebé”, y guarda el agua de la bañera a pesar de estar sucia. Y los modernos, los laicistas, por usar esa palabra, dicen: “esto huele a podrido, vamos a tirarlo”, sin darse cuenta de que hay un bebé. Necesitamos mucha lucidez para avanzar en este diálogo
.
“Espiritualidad” es una palabra gastada porque viene con un lastre negativo intenso. Pero, al mismo tiempo, constatamos que nos hallamos en una sociedad hambrienta espiritualmente. Está hambrienta por necesidad.

Desde distintos ámbitos se comienza a hablar, afortunadamente, de inteligencia espiritual, igual que hace unos años se comenzó a hablar de “inteligencia emocional”, que se popularizara a partir de los libros de Daniel Goleman.

Inteligencia espiritual es la capacidad de trascender la mente y el yo, porque somos capaces de separar la conciencia de los pensamientos. Pensamientos tenemos, pero conciencia es lo que somos. Y cuando uno se identifica con los pensamientos, ¿qué pasa? Que sufre.

La espiritualidad consiste en darse cuenta de la trampa que significa identificarse con nuestros pensamientos; porque los pensamientos son objetos, pero yo soy la Conciencia que observa esos objetos

¿Qué capacidades potencia la inteligencia espiritual? Ayuda a mantener la serenidad, porque te separa de los pensamientos que te la hacen perder; favorece una observación desapegada de la realidad, la observación ecuánime; hace crecer en libertad interior, porque nadie ni nada me quitan mi libertad, es mi mente la que lo hace con frecuencia: al identificarme con ella, ahí pierdo mi libertad; y potencia la compasión: cuando me desidentifico del yo, la compasión brota sola. Jesús no era compasivo por voluntarismo; no, la compasión nace de la comprensión. Y Jesús era compasivo porque vivía en ese nivel de conciencia que llamamos transpersonal, en el que se veía no separado de nada.

¿Qué quería decir cuando afirmaba: “Tuve hambre y me distéis de comer”? No decía: “Tuve hambre, y le distéis al otro como si fuera yo”. O: “Lo que hacéis a cualquiera de ellos, me lo hacéis a mí”. No decía: “Lo que hacéis a cada uno de ellos es como si me lo hicierais a mí”; dice: ”me lo hacéis a mi”. Vivía en esa conciencia de unidad. Y, al final, la inteligencia espiritual nos capacita para percibir nuestra verdadera identidad.

¿Cuál es la relación entre religión y espiritualidad? Por decirlo en una sola frase, no están ni identificadas ni reñidas. Son como este vaso y el agua que contiene: el agua es la espiritualidad, el vaso es la religión. A quien le sirve el vaso para contener el agua, enhorabuena. Pero si una persona dice que no, que prefiere una botella, enhorabuena. Y si otra dice que ni vaso ni botella, que prefiere el agua en la mano, enhorabuena también.

¿Cuál es el peligro de la religión? Su absolutización. Cuando la religión se olvida de que es un instrumento y se absolutiza, como si el ideal de la persona religiosa fuera “ser religiosa”, se convierte en amenaza.

No, la religión es un instrumento, como decía Jesús: “No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre”; es un instrumento para que despertemos espiritualmente; es una herramienta, un cauce, un recipiente que vale por lo que contiene, por aquello a lo que apunta, y a cuyo servicio ha de estar.

La absolutización de la religión es sumamente peligrosa, por un doble motivo: porque conduce al fanatismo en todas sus formas (incluida la guerra de religión o el terrorismo en su nombre) y porque nubla, oscurece o ciega la Realidad que debería desvelar. Es como si absolutizáramos un determinado tipo de vaso (o recipiente) y olvidáramos que lo realmente importante es el agua.

La religión es sólo un vehículo transportador; para mucha gente ha sido el vehículo a lo espiritual –para mí también-. Pero siempre es un instrumento y cuando se olvida que la religión es un instrumento, y se convierte en un absoluto, hace mucho daño, es muy peligrosa.

La espiritualidad nos conduce a experimentar la verdad, la religión nos da doctrinas o creencias. Por decirlo de modo sencillo, la religión nos da mapas para entender el territorio, pero no es el territorio; una persona que se queda en la religión se queda en el mapa; la espiritualidad nos permite transitar el territorio. En definitiva, la doctrina es una interpretación de Lo que Es, y la espiritualidad nos hace adentrarnos en Lo que Es.


La dimensión profunda de lo real

El despertar espiritual consiste en descubrir ese Dinamismo de un darse que engendra la forma que somos en la no-separación. Caer en la cuenta de eso y experimentarlo: eso es la espiritualidad.

Todo el misterio de la Vida es un Darse. Ese Darse está engendrando permanentemente la forma que somos cada cual. ¿Qué es un océano? Un darse del agua que está generando olas de todos los tipos continuamente. Eso es la espiritualidad. Si lo queremos formular en lenguaje religioso, la experiencia original es ésta: estamos siendo creados continuamente desde la profundidad de Dios en la no-separación. Igual que la ola es forma donde el agua vive, Dios lo que busca es vivirse en nosotros. Como le gusta insistir a Willigis Jäger, Dios no quiere ser adorado, quiere ser vivido.

Hemos creído que Dios es un soberano oriental antiguo que tiene necesidad de que le demos gloria –como se decía antes, “hemos venido a este mundo para dar gloria a Dios”-

Pero un Dios que tuviera necesidad de que le diéramos gloria no sería Dios, sería el gran Narciso.

Y hemos hablado de un Dios que nos crea para que le demos gloria… No, Dios nos crea para darnos gloria Él a nosotros, Dios nos crea porque quiere vivirse en nuestra forma: Dios me ha creado porque quiere vivirse, en toda mi humildad, como Enrique; Dios ha creado a Daniel porque quiere vivirse como Daniel, nos ha creado a cada uno porque quiere vivirse en nuestras formas.

Como decía Ignacio de Loyola en una frase que recuerdo de forma no literal, “Dios duerme en los minerales, vegeta en las plantas, siente en los animales y ama en las personas”. Es una forma más antigua de decir lo mismo, de expresar la no-dualidad.

El camino más corto a la espiritualidad es el venir al aquí y ahora, es el venir al momento presente. Presente –con mayúscula- es sinónimo de Dios. Es la Shekiná, la Presencia. El presente está preñado de Dios, el presente es otro nombre de Dios, la Presencia. Es uno de mis nombres queridos. Por eso hablar de espiritualidad es hablar de no dualidad. Otro místico, Javier Melloni, repite esto: “No somos iguales, pero somos lo mismo”. Como las olas y el océano: no son iguales, pero son lo mismo.

Ahora bien, a esto no llegaremos pensándolo, sino acallando la mente. Cuando tú silencias la mente, acallas el modelo mental que es dualista y emerge la no-dualidad. Y entonces experimentas que somos “lo mismo”, aunque “no seamos iguales”. La no-dualidad es experimentar las diferencias en la no-separación; ambas cosas juntas, una cara es la diferencia, la otra es la unidad; las dos cosas juntas es lo que se conoce como no-dualidad. Oiremos hablar mucho en el futuro de esto, y si no, iremos mal. Porque la no-dualidad es liberadora, es salvadora.

¿En qué coinciden todas las cosas que son? En que son. El Ser es el núcleo de lo real. Pero para percibirlo, necesitamos acallar la mente. Y para eso necesitamos meditar. De modo que necesitamos decir una palabra sobre la meditación, porque sólo la meditación nos permite entrar en este camino de la espiritualidad.


Espiritualidad: de la ignorancia a la liberación

La espiritualidad es un camino que nos lleva de la ignorancia, o mejor todavía, de la inconsciencia a la liberación. Cuando estamos dormidos –nuestra vida es un sueño, decía Calderón- estamos inconscientes, estamos ignorantes. La tradición sufí dice que estamos todos dormidos y que sólo cuando morimos, despertamos.

La ignorancia consiste en estar identificados con la mente y el yo, creer que somos la mente o el yo, y la consecuencia es el sufrir. Es cierto que el desidentificarte del yo es muy doloroso, porque el yo busca autoafirmarse a toda costa y la inercia de donde venimos nos hace creer a pie juntillas que nuestra identidad es eso que llamamos “yo”.

Pero sólo la desidentificación del yo es el único camino de sabiduría. ¿Comprendéis ahora por qué Jesús decía: “El que quiera salvar su vida que la niegue”? Y era una persona muy vitalista. En el evangelio, negar la vida es negar el yo. Todos los maestros y maestras espirituales lo han dicho: si no caes en la cuenta de que eres más que el yo, no puedes alcanzar la sabiduría. Esto nos lleva a reconocernos en esta identidad ilimitada.

El despertar espiritual es aprender a separar la conciencia de los pensamientos. Y caer en la cuenta de que no somos nuestros pensamientos. La espiritualidad se caracteriza por la desapropiación del yo, la distancia de la mente, y la experiencia de la plenitud. Eso es lo más característico de la espiritualidad: caer en la cuenta de que tenemos mente pero somos infinitamente más que la mente.

Nuestro problema es que hemos confundido el vehículo con el conductor, el papel con el actor que lo representa, y esa confusión genera mucho sufrimiento. El papel es nuestro yo, a mi me he tocado ser Enrique, varón, de Teruel, con toda mi historia…, pero eso no soy yo; eso son circunstancias relativas (que dan, como resultado, una identidad también “relativa”, válida a su nivel); pero lo que realmente yo soy es esa otra Identidad que descubro en el silencio de la mente.

El vehículo es la mente pero el conductor es otra cosa. Y el conductor ha de percibirse distinto que el vehículo. Imaginaos que os identificáis con el vehículo: quedáis expuestos a su ceguera. Eso es exactamente lo que ocurre cuando nos identificamos con la mente: quedamos convertidos en marionetas, sujetos a los vaivenes de sus movi9mientos erráticos, que se han adueñado de nuestra vida.

No somos libres si no somos dueños de lo que pensamos, y eso requiere educar la atención. Si mi mente funciona de forma errática, ¿cómo voy a ser libre? Estaré a merced de sus vaivenes; meditar es educar la atención para ser dueños de la propia mente.

¿Como lo hacemos? Aprendiendo a observar la propia mente, aprendiendo a observar los pensamientos. Cuando observas la mente, has creado una distancia de ella y ya estás en la quietud. Y al mismo tiempo estás en el presente.

El presente siempre está bien, siempre es completo, siempre es integrador; al presente no le falta absolutamente nada. Cuando digo presente, no hablo del concepto de presente: el presente pensado es un lapso entre el pasado que nuestra mente piensa que se fue y el futuro que no ha llegado. Pero eso no es el presente, sino una idea del presente. El presente es el no-tiempo, la atemporalidad. Y a ese presente no le falta nada.

¡Para la mente…! Verás que sólo queda Quietud. Si paramos la mente trascendemos nuestros pensamientos y descubrimos que somos más que ellos y ello nos permite llegar a nuestra identidad.

Mientras estamos identificados con la mente no podemos entendernos sin adjetivos: yo soy esto, aquello, lo otro… Quita los adjetivos; eres lo que queda. La religión trabaja mucho con la ola, la espiritualidad nos hace conectar con el agua que somos. Es buena la religión, pero no lo es todo. Esta es la experiencia espiritual, pasar de la afirmación de “yo soy esto” a “Yo soy”.

Enrique Martínez Lozano *            



 * Sociólogo, teólogo, psicoterapeuta y conferenciante, el Presbítero Enrique Martínez Lozano es un efectivo animador de encuentros y retiros que tienen el don de articular psicología y espiritualidad de modo sencillo y, a la vez, profundo y eficaz.

Ha escrito innumerables obras destinadas al crecimiento personal y a la espiritualidad. Preocupado por presentar temas de espiritualidad con la actualización que la mirada científica del hombre y la mujer de hoy, afirma que “la psicología y la espiritualidad son complementarias”. Para él, psicología y espiritualidad «son dos dimensiones complementarias en la persona; como los dos raíles de la vía». Dice que «si queremos caminar bien y llegar a un destino, se hace necesario circular por ambos raíles al mismo tiempo» pues «la espiritualidad sin la psicología está coja y la psicología sin la espiritualidad queda ciega».


Publicado en su página: www.enriquemartinezlozano.com 

p://www.enriquemartinezlozano.com/cambio_religioso.htm

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