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El culto y la oración entre los discípulos de Jesus
ALESSIO, Luis: Fragmento del artículo "Homo orans" publicado en la Revista Bíblica Argentina
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Fue en el año 44, en Antioquía, que los discípulos del Señor comenzaron a llamarse “cristianos” (Act 1,28). Pero este nombre no fue ni el único, ni el más antiguo. Los discípulos se designan en el NT con apelativos teológicos que expresan sea su relación a Dios, sea una u otra de las transformaciones radicales realizadas en su ser por la renovación bautismal. Entre éstos: “creyentes” (Act 2,44); “santos (Act 26,10); “elegidos” (Col 3,12); “amados de Dios” (Rom 1,7); “servidores de Dios” (1 Pe 2,16); “hijos de Dios” (Rom 9,26); ‘hermanos” (1 Pe 5,9); “los que deben heredar la salvación” (Heb 11,14) [1].

Pero hay un nombre de los cristianos que nos interesa ahora particularmente porque refleja hasta qué punto la vocación cultual y orante se inscribe desde los comienzos en la definición del ser cristiano. Aun antes de ser llamados “cristianos” los discípulos de Jesús son llamados “los que invocan el nombre del Señor”, es decir, “los de la epíclesis”, [2] o, más simplemente: “los orantes”.

 Se trata de una expresión usada en sentido soteriológico [2] (Act 2,21 ; Rom 10,13)  que ha sido tomada del Antiguo Testamento (Jl 3,5; cf. 2 Sam 22,4.7; Jdt 8,17; Sal 18,4; 50,15; 91,15; 116,4.16.17) pero con una substancial modificación: el Señor ahora invocado ya no es Yavé sino el Dios de los cristianos: Jesucristo. De esta manera, invocar el Nombre, es decir, venerar su Señorío, es la expresión del culto de la Iglesia naciente [3]

Es toda la riqueza de significación veterotestamentaria que es preciso transponer en la nueva Alianza, cuando en el año 30, Ananías y los convertidos de Damasco denominan a los discípulos de Jesús: los que invocan su Nombre (Act 9,14.21).

 Se trata ante todo de una profesión de fe en el Cristo resucitado y Señor: se sabe que los semitas dicen “el nombre” donde nosotros diríamos “la persona” en tanto que se manifiesta y obra. El nombre es más que una designación: no solamente expresa la naturaleza y la función de quien lo lleva sino que posee una virtud, es eficaz cuando se lo pronuncia. La cristología del NT se ha elaborado en gran parte en función del Nombre de Jesús.

 Pero es además el testimonio de un culto rendido a este Salvador, en fin, la confianza en su intercesión de mediador: se lo implora porque es de Él que se reciben los beneficios divinos (Act 4,30), especialmente la purificación de los pecados (Act 2,38; 10,48; Sant 3, 14; etc.).

 La fe cristiana tiene por objeto reconocer a Jesús como Resucitado y rendirle culto. La Iglesia es una asamblea de hombres que tienen confianza en el nombre de Jesús, que lo veneran, que lo proclaman, que lo invocan. Por eso los cristianos se llaman “los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (1 Cor 1,2; 2 Tim .2,22). De esta manera expresan, en su propio nombre, la importancia que la oración y el culto posee en sus vidas. De esta manera expresan que por su bautismo, han asumido, potenciado y purificado, la vocación cultual de todo hombre.
 


[1]  J. J. von Allmen, El culto cristiano, Salamanca 1968, 28.
[2]  Relativo a la salvación
[3]  La expresión es una transposición de la perífrasis paleotestamentaria: qara' beshem ihwh, literalmente “llamar el nombre de Yavé” que los LXX habían traducido por el verbo epikaleisdjai; llamar en socorro, invocar. Pero, en realidad, la primera significación es cultual: Gen 12,8; 26,25 (Cf. Spicq op. cit. 45-49)

 

Fragmento de: ALESSIO, Luis: "Homo Orans" La vocación cultual del hombre a la luz del Nuevo Testamento, Vol. 35 (1973) Link al texto completo:
  http://www.revistabiblica.org.ar/articulos/rb35_197.pdf

 

 

 
 

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