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_______________________________________________________________________________________ Estamos acostumbrados a una Jerarquía que mantiene con firmeza de roca ser la única autoridad en la Iglesia, ostentar delegación divina y no ser juzgada por nadie. Pero no siempre fue así. El primer papa, Simón/Pedro, la Roca como le llamaba Jesús, mandaba de una manera tan curiosa que apenas lo reconoceríamos hoy como papa. Todo empezó con la elección de Matías para sustituir a Judas y restablecer el número de Doce. (Textos tomados de los HECHOS DE APÓSTOLES, que, por cierto, se leen en la liturgia como PALABRA DE DIOS)
Hechos, cap. 1 15 Uno de aquellos días Pedro se puso en pie en medio de los hermanos ‑ el número de los reunidos era de unos ciento veinte ‑ y les dijo: - 16 Hermanos, …. 21 Conviene, pues, que de entre los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús convivió con nosotros, 22 a partir del bautismo de Juan hasta el día en que nos fue llevado, uno de ellos sea constituido testigo con nosotros de su resurrección. 23 Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. 24 Entonces oraron así: «Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido, 25 para ocupar en el ministerio del apostolado el puesto del que Judas desertó para irse adonde le correspondía.» 26 Echaron suertes y la suerte cayó sobre Matías, que fue agregado al número de los doce apóstoles. Pedro, (ostentando sin duda en la mano derecha unas llaves de oro) propone, la asamblea ora y decide… y se acepta. (¿Dónde están las llaves?) Más tarde:
Hechos, cap. 8 Más tarde, Pedro, en Cesarea toma una iniciativa: entrar en casa de paganos y bautizarlos. CONSECUENCIAS:
Hechos, cap. 11 Los apóstoles y los hermanos de Judea reprochan a Pedro. Leamos bien, la comunidad reprocha al Papa. Naturalmente el Papa debería haber contestado excomulgándolos, imponiéndoles un año de silencio o cosas así…. Pero Pedro es un papa singular. Da explicaciones y la comunidad se las acepta. Cuando se montó un lío en Antioquia sobre si los paganos que querían seguir a Jesús se tenían que circuncidar, a nadie se le ocurrió remitir el tema al Papa Pedro, sino que juntaron un concilio. Allí Pedro habló para poner orden y dar su opinión.
Hechos, cap. 15 Y después de todas estas opiniones (el Papa Pedro no fue más que una opinión) 22 Entonces decidieron los apóstoles y presbíteros, de acuerdo con toda la Iglesia, elegir de entre ellos algunos hombres y enviarles a Antioquía con Pablo y Bernabé; y estos fueron Judas, llamado Barsabás, y Silas, que eran dirigentes entre los hermanos. Decidieron los apóstoles y presbíteros, de acuerdo con toda la Iglesia. (Y Pedro en casa, buscando las llaves que no aparecen por ninguna parte.) Peor todavía, Pablo, un don nadie en aquel tiempo a no ser por su enorme actividad y esfuerzos por extender el evangelio, se encuentra con el Papa Pedro en Antioquia. En Antioquia respetan la decisión del concilio de Jerusalén y no tienen problemas con los alimentos “impuros”… menos algunos cristiano/judíos, que no han aceptado el concilio y siguen con la circuncisión y lo impuro y todas esas cosas que el Concilio ha rechazado. Y Pedro se deja arrastrar por esa costumbre, contraria al Concilio. Y Pablo no se lo tolera.
Gálatas, cap. 2 (Naturalmente fue excomulgado por el Papa Pedro y obligado a no predicar más, por insubordinación a la jerarquía…. ¿O no?) Podríamos seguir así, dando datos de las Iglesias primeras sobre las mujeres con cargos en las iglesias, sobre el celibato, sobre la abundancia de carismas en las personas normales de la comunidad… Pero ya basta. Miremos a la doctrina de la Iglesia sobre el tema de la elección de obispos. - En la Carta de Clemente (a.97, n.44,3) se manifiesta expresamente que “el obispo se nombre con el consentimiento de la comunidad”, buscándose siempre y por encima de todo en el elegido “cualidades evangélicas”. La “Tradición Apostólica” de Hipólito (a.215) asevera que “se ordene como obispo aquel que, siendo irreprochable, haya sido elegido por todo el pueblo”: -
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San Cipriano, obispo de Cartago, escribió en el año 258 que “el
pueblo tiene el poder de elegir a los obispos dignos y de
recusar a los indignos”. Y si se trata de personas no pertenecientes a la Jerarquía que se permiten el lujo de criticar al Papa abiertamente, no estaría mal leer este trocito de una carta de San Bernardo al papa.
De San Bernardo. Carta al Papa Eugenio III. (No consta que San Bernardo hubiera sido depuesto por tales palabras ni condenado a un año de silencio.) Finalmente, para no aburrir, hubo buenos seguidores de Jesús que, en pleno siglo IV, cuando ya el afán de poder y de lujo se apoderaba de las Jerarquías, Gregorio Nacianceno renunció al obispado de Constantinopla cuando fue criticado por sus austeridades y pronunció un sermón irónico y colérico: “Ignoraba que debíamos rivalizar con los cónsules, los gobernadores y los generales famosos, que carecen de oportunidad para gastar sus ingresos, o que nuestros estómagos debían ansiar el pan de los pobres y consumir lo que ellos necesitan en lujos, eructando frente a los altares”. “No sabía que debíamos cabalgar en hermosos caballos o viajar en magníficos carruajes, precedidos por procesiones, mientras todos nos aclaman y nos abren paso como si fuéramos bestias salvajes. Lamento estas privaciones. Por lo menos han terminado. Perdonad mi error. Elegid a otro que complazca a la mayoría”. Terminemos. La Iglesia no fue siempre como es hoy. Se nombraban obispos contando con la comunidad, se consideraba al obispo de Roma con gran respeto pero no como dictador en nombre de Dios, se aceptaban las críticas… Hagamos una modesta reflexión: la Iglesia debe ser tradicional, fiel a la tradición. Pero los que se tienen por tradicionales miran sólo a las tradiciones que les convienen, tardías y no conformes con la tradición venerable de las primeras (y no tan primeras) comunidades. Sí, volvamos a la tradición, a lo que proviene de Jesús, a lo que cumplían Pedro y Pablo. Es esto lo que algunos llaman “refundación”, que significa volver a las raíces, a los fundamentos, a lo que viene de Jesús. * JOSE ENRIQUE LEGARRETA S.J.
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