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Una reflexión del Rabino Arieh Sztokman sobre el hombre  *

EL SER HUMANO
ser humano El ser humano

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“Formó (creó) Adonai Elohim al Ser Humano del polvo de la
tierra y le insufló en sus narices hálito de vida y se convirtió Adam
en un ser viviente.”
 (Génesis 2:7 – Traducción Rabino Marcos Edery) 

Según el Midrash (1), esta formación o creación incluye en ella las dimensiones múltiples de la personalidad del Ser, dotado de “ietzarim”, instintos que lo elevarán o lo rebajarán hasta su condición de componente del reino animal. 

“YHVH Elohim formó al ser humano como humus de la tierra, e insufló en sus narices el aliento de la vida, y el humano se convirtió en un ser viviente.”

(Génesis 2:7 - Extraído de “Génesis: el origen de las diferencias”. Daniel Colodenco) 

La vida y el conocimiento son transmitidos a través del soplo divino. De allí que vocablos como inspiración no solo aludan a la función pulmonar. El soplo o aliento vital resulta esencial para dos fenómenos naturales: el viento que trae la lluvia y asegura la fertilidad de los campos y el aire que posibilita la respiración de los seres vivos. En ambos casos se trata de concesiones divinas. 

¿Qué es lo que Dios creó?

“Yo formo (creo) la luz y la tiniebla, Yo hago la paz (plenitud) y el mal, Yo Adonai que hago todo esto.”  (Isaías 45:7) 

Es decir, de acuerdo a lo que dice el Profeta Isaías, Dios es el hacedor de todo, deduzco, entonces, que en el hálito de vida que Él insufló en nuestras narices estaba todo, lo bueno y lo malo, lo negativo y lo positivo, lo lindo y lo feo, la luz y la oscuridad. 

¿Qué es lo que contenía ese hálito o aliento de vida? ¿Contenía o contiene? 

En principio contiene vida, es decir, Él nos formó con barro extraído de la tierra y nos concedió la vida, nos hizo seres vivos, completos. Entiendo que el solo hecho de estar vivos es una maravillosidad que los seres humanos debemos considerar como el tesoro más valioso existente sobre la faz de la tierra no habiendo nada que se le parezca. 

Dado que, gracias a Dios, estoy vivo, haré todo lo necesario para vivir en armonía con todo lo creado, como así también agradecer y disfrutar de Su regalo. 

Ese hálito de vida que contiene todo, fue impreso por Dios en el corazón del ser humano, es decir, éste, nosotros, podremos elegir que hacer con todo lo que Dios nos regala. Dios entre todo lo que nos regaló / regala también esta la libre elección, según surge de: 

“Pongo hoy por testigos, delante de ustedes, al cielo y a la tierra, pongo delante de ti la vida o muerte, bendición o maldición. Escoge la vida, para que vivas, tu y tu descendencia.”  (Deuteronomio 30:19) 

Es decir, es nuestra decisión qué camino elegir. En la Mishná (2) vemos:

 “Todo esta previsto pero el ser humano tiene el libre albedrío...”
(Tratado de Principios, Capitulo III, mishná 19)

El hálito (aliento) de vida contiene, según lo dice el Profeta Isaías:

“Reposará sobre él el espíritu de Yahveh (Dios): espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor (respeto) de Yahveh (Dios).” (Isaías 11:2)  

Es decir, de acuerdo a lo mencionado, el Creador nos regala un cúmulo de dones, que entre otros, se nos imprimen en nuestro corazón. Que es lo que hacemos con ellos es una elección, decisión de cada uno de nosotros.

“Ordenó Adonai Elohim (Dios) al hombre diciendo: de todo árbol del huerto comer, podrás comer. Empero del árbol del conocimiento del bien y del mal no habrás de comer de él...”  (Génesis 2:16-17) 

¿Qué es lo que significa, hasta el día de hoy, conocer el bien y el mal? Los seres humanos hemos sido creados por Él y nos insufló en nuestro ser los dones que algunos ya fueron enumerados y de ahora en más es nuestra decisión, elección qué hacer con cada uno de ellos.

 El ser humano es.

Va aprendiendo, en primera instancia, por medio de la imitación, por lo tanto el bien y el mal dependen, en principio, del medio en el cual el ser humano va creciendo, es decir “el hombre y su circunstancia”, el medio le brinda a cada ser humano elementos que él decidirá, elegirá a medida que va creciendo, cuales tomar y cuales dejar de lado, por lo tanto lo que para algunos, ciertas actitudes es el bien para otros puede significar algo diferente o lo contrario.

¿Qué es conocer el bien? ¿Qué es conocer el mal?

El conocimiento es regalo de Dios, de ahí en adelante su implementación discerniendo entre el bien y el mal es labor humana. Esa es nuestra tarea cotidiana para vivir en armonía con Dios y con todo lo creado.

A medida que vamos recibiendo, creciendo en la vida, debiéramos ser más aptos en el discernimiento entre el bien y el mal, aplicarlo en cada una de las instancias de nuestra vida, verificando si el camino que hemos tomado es hacia el encuentro con Dios o por el contrario es la vía del alejamiento. Sea el que fuese, es decisión y elección de cada ser humano. 

“Un acto no es bueno porque nos sintamos obligados a realizarlo, más bien nos sentimos obligados a realizarlo porque es bueno.

 

El mal es divergencia, confusión, aquello que aliena al hombre del hombre, al hombre de Dios, en tanto que el bien es convergencia, comunión, unión.”

(Extraído de “El hombre no esta solo” de Abraham J. Heschel)

 

“Una persona deber verse a sí misma y al mundo como dos pesas igualmente equilibradas en la balanza, haciendo una buena acción inclina la balanza y trae redención y salvación a sí mismo y a todo el mundo.” (Maimónides)

 El mal es simplemente la ausencia del bien;
no tiene existencia real propia y lo dispersa la luz de la bondad.

 ¿Por qué Dios creo el mal, y como podemos reconciliarlo con Su bondad? ¿Por qué Dios creo la vida? Pues sin vida, no habría mal y no habría dolor.

 

Dios creó nuestro mundo material porque quiso que lo refináramos y lo hiciéramos Su casa. Para lograrlo, debemos antes percibirnos a nosotros mismos como una realidad independiente. De ahí que a cada uno de nosotros se le haya concedido el libre albedrío, la capacidad de elegir entre el desinterés y el egoísmo, entre el bien y el mal, entre seguir las instrucciones de Dios y no hacerlo. Esta libertad es el mayor don que Dios nos dio. Sin él, la vida no tendría sentido.

 

Dios no quiere el mal, quiere que solo hagamos el bien. Y Dios tampoco comete nunca ningún mal, solo el ser humano lo hace. Pero para que el ser humano sea un verdadero socio en la vida, debe tener la autonomía de elegir.

 

Dado que el mal va contra la voluntad de Dios, no tiene legitimidad propia, es solo un resultado de nuestro engaño por el ocultamiento de Dios y por no ver este ocultamiento como un camino a su revelación. Pensemos que el mal es la oscuridad, y el bien la luz, así como la oscuridad es solo la ausencia de luz, el mal es solo la ausencia del bien. Y así como la oscuridad puede dispersarse introduciendo una pequeña cantidad de luz, el mal puede dispersarse introduciendo la menor cantidad de bien.

 

Antes que combatir el mal, deberíamos concentrarnos
en cultivar el bien dentro de nosotros y en los demás.”

(Extraído de “Hacia una vida plena de sentido” de
Menajem Mendel Schneerson)

 La Mishná (texto post-bíblico) dice: 

“... ¿Quién es valiente, fuerte? Aquel que domina sus instintos, inclinaciones, potencial,...” Tratado de Principios, capítulo 4, mishná 1  V Libro de Proverbios 16:32.

 ¿Cuál es la cantidad de cada uno de los dones?

Todos los dones que recibimos del hálito de Su Vida tienen la misma entidad y cada ser humano tiene la posibilidad de ir desarrollándolos, aplicando la voluntad, conforme las posibilidades de la propia vida cotidiana, según el lugar en el cual nacimos, la educación que hemos recibido, los nutrientes que consumimos, el amor que pudimos recibir de nuestros mayores como así también el reconocimiento alcanzado a lo largo de nuestras vidas, todo ello y mucho más influirá en el desarrollo de los dones que fueron impresos en nuestro corazón.

El Espíritu de Su vida, lleno de dones, mora en el interior de cada ser humano.

Ietzer ha tov (inclinación-instinto al bien) – Ietzer ha rá (inclinación-instinto al mal)

En nuestra tradición judía hablamos de estos dos conceptos que hemos recibido y están dentro del ser humano, depende de cada uno de nosotros inclinarnos hacia el bien y domeñar la tendencia al mal.

En mi opinión personal el conocimiento del bien es caminar con Dios. El conocimiento del mal es alejarse de los caminos de Dios y dirigirse en busca de los dioses que los seres humanos han ido creando a lo largo de la historia de la humanidad. 

¿Qué es lo que Dios quiere de nosotros, los seres humanos? 

“No te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo, Yo, Yahveh.(Levítico 19:18)

 

“Ante las canas levántate y honra el rostro del anciano,
respeta a tu Dios”  (
Levítico 19:30) 

En este capitulo 19 del libro de Levítico encontraremos con mucha claridad qué es lo que Dios pide de cada uno de nosotros.  

“Ahora, Israel, ¿qué te pide tu Dios, sino que temas (respetes) a Yahveh tu Dios, que sigas todos sus caminos, que le ames, que sirvas a Yahveh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, que cuides los mandamientos de Yahveh y sus preceptos que yo te prescribo hoy para que seas feliz?” (Deuteronomio 10:12/13)

 “Se te ha declarado, hombre, lo que es bueno, lo que Yahveh
 de ti reclama: tan solo practicar la equidad, amar la piedad,
y caminar humildemente con tu Dios”.
(Miqueas 6:8) 

En virtud de lo expuesto, también aprendemos de la Mishná, lo siguiente: 

“Hilel solía decir: Si no me ocupo de mí, ¿quien se ocupará? Si me ocupo solo de mí, ¿qué soy? Si no es ahora, ¿cuándo?” (Tratado de Principios, Capitulo I, mishná 14)

 Nos enseña este texto que debemos ocuparnos de nosotros y de los otros. Desarrollar los dones que Dios nos dio a favor de cada uno de nosotros como, así también, ayudar a todo aquel que quiera ser ayudado para que también desarrolle los dones recibidos. 

“Es más cómodo, para el ser humano, no haber sido creado
que haber sido creado. Ahora que ha sido creado
que revise sus acciones”
Talmud Babilónico - Tratado Eruvim - pagina 13b 

El Talmud (3) nos enseña, en virtud del pasaje mencionado, Dios nos regala la vida con sus dones, al actuar podemos, tal vez, cometer errores, revisemos nuestro accionar para que si así fuese podamos repararlos, y al constatar los aciertos, repetirlos. 

“Vio Adonai (Yahveh) que grande era la maldad del hombre sobre la tierra y que todo impulso (ietzer) del pensamiento de su corazón era únicamente el mal, todo el tiempo” (Génesis 6:5)

 

“La Torá no dice que el corazón del hombre es malo sino que el impulso del corazón del hombre era malo todo el tiempo.” (Rabino Marcos Edery)

 El termino original (ietzer) puede entenderse como “índole”, “inclinación”, “impulso”, “propensión” o “tendencia”. Otros lo entendieron como “imaginación”. El termino ietzer ha de ser utilizado, más adelante, con el significado de “pulsión”, “instinto”, sobre la base de una concepción que afirma que en el ser humano cohabitan dos impulsos, una hacia el bien que conduce al cumplimiento de la ley y las buenas acciones (vivir con Dios) y otro hacia el mal, que conduce a la trasgresión (alejarse de Dios) (Daniel Colodenco). La cursiva es mía.

 El ser humano, obra máxima de Dios, hecho por Él a su imagen y semejanza, valioso, único e irrepetible, no es totalmente bueno y tampoco es totalmente malo, sino que es la conjunción de ambos. Con estos elementos dentro de sí vivirá aprendiendo todos los días y morirá ignorante.

 Repitiendo palabras de Jaime Barylko (z’l) “el ser humano no es, sino que va siendo”, que es lo que va siendo no sabemos, depende de cada uno, algunos -la mayoría- dirige su impulso hacia el bien, cumpliendo la voluntad de Dios, y otros -la minoría- dirige su impulso hacia el mal, alejándose de la voluntad de Dios.

 La minoría es la que hace mucho ruido, y el ruido no es bueno. Como dice la Hna. Nancy “el ruido no es bueno y lo bueno no hace ruido”.

 Dirijamos nuestro impulso al bien y lograremos, como dice en el Libro Deuteronomio, vivir felices.
 

 Rabino Arieh Sztokman                      

 Martes 4 de agosto de 2009 (Gregoriano) / 14 de Av de 5769 (Hebreo)
 

(1) Forma de exégesis de los textos bíblicos propia de la tradición judía
(2)
Compilación que recoge y consolida la tradición oral judía, hacia finales del siglo II de nuestra era.
(3) Obra que recoge las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, leyendas e historias. El Talmud recoge los contenidos de la Mishná y de la Guemará



Rabino Arieh Sztokman    Escuela de Amor - Un lugar de encuentro con el Ser
Tel.: (.54.11) 4783-5380  Cel.: (.549) 15-4438-4946 - emuna@arnet.com.ar

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El rabino Arieh Sztokman es contador público nacional (Universidad de Buenos Aires) Obtuvo su Licenciatura en Ciencias Judaicas en el Instituto Superior "Mijlelet Abarbanel" y su Rabinato en el Instituto Superior de Formación Rabínica “Abraham Joshua Heschel”, obteniendo el premio "Rabino Dr. T. Friedman” al alumno sobresaliente en sus estudios. Ambos institutos pertenecientes al Seminario Rabínico Latinoamericano.  

Su formación en el exterior incluye estudios en la Universidad Hebrea de Jerusalem (Israel), en el Instituto Saúl Lieberman de Estudios Talmúdicos (Israel), en el Seminario Judío Teológico de América (Israel) en el Seminario de Estudios Judaicos (Israel) y en el Instituto de Espiritualidad Judaica - Metivta (Estados Unidos de América).

En cumplimiento de su vocación rabínica, viene desarrollando numerosas tareas religiosas, docentes y asistenciales Ha ejercido la docencia y ha dictado seminarios en la Escuela Ha Makom Shelí; la Congregación Emanu-El; el Seminario Rabínico Latinoamericano; el Instituto Dr. Herzl; en el Centro Bíblico Nuestra Señora de Sión; en la Asociación Ort Argentina; en la Editorial San Pablo. Ha brindado ayuda espiritual en la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) y en la Asociación Civil Emuná.

Se desempeña como Rabino en el Hogar para Adultos Mayores Adolfo Hirsch - Asociación Filantrópica Israelita (San Miguel - Buenos Aires) y como responsable de la atención espiritual de los judíos conservadores de los partidos bonaerenses de Malvinas Argentinas, José C. Paz y San Miguel. Además tiene gran participación en el diálogo interreligioso en general y en las relaciones judeo cristianas en particular.

 


 

 

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