|
TRIDUO PASCUAL DE LA PASIÓN Y RESURRECCIÓN DEL SEÑOR Apuntes y textos condensados de la obra del Abad Andres Azcárate O.S.B, "La flor de la liturgia renovada" de Ed. Claretiana, Buenos Aires, 1979. Estos apuntes, elaborados poco tiempo después de celebrado el Concilio Vaticano II señalaban la naturaleza y la razón de los cambios operados.
|
Ver otros artículos |
|
____________________________________________________________________________________________
En el Jueves Santo recordamos el último día de la vida de Jesús de Nazareth. Como judío observante, su primera preocupación fue ordenar los preparativos para la Cena legal que se celebra en un ámbito familiar y fraterno. Esa cena pascual -o de “pesaj-”, casi sin variantes se continúa observando ritualmente entre las familias judías desde hace más de dos milenios. Aquella cena de Jesús –como las que se celebran actualmente- cumple una serie de pasos –“seder”- que tienen por motivo rememorar (hacer presente) los portentos liberadores de Dios y la elección de Su Pueblo. Es en ese marco que Jesús instituye la Eucaristía. El pan ácimo pasa ahora a convertirse en su cuerpo y el vino en su sangre. El portento de Dios es ahora el sacrificio del Hijo y su Resurrección, convertido en redención de todos los pueblos
La liturgia del Jueves Santo tiene en la actualidad varios capítulos:
I ) La Misa crismal.
II) La Misa vespertina de
la Cena del Señor.
A dicha Misa se le
agregan dos ritos especiales: el Mandatum, y la procesión al Monumento.
III)
La última noche de Jesús.
Viernes Santo, el "Día adorado". Así llamaban los antiguos a este día; y también, "día de duelo", "día de la Redención". Para los judíos, "Parasceve", día de la preparación de la Pascua. Para nosotros es el día más entrañable de la Semana Santa, el Viernes de los Viernes. Cargado con la Cruz y con los pecados del mundo recorre Jesús la Vía dolorosa, y llega al Calvario. Allí muere a la Hora de Nona entre indecibles tormentos. Liturgia del Viernes Santo. En este día no se celebran Misas. Sin embargo la liturgia expresa con rigor impresionante la celebración de la Pasión y Muerte del Señor, que reemplaza a la Misa y a las Vísperas del día, como función litúrgica.
Para este día Viernes
Santo estructura la Iglesia una Gran Acción Vespertina:
I)
Liturgia de la Palabra.
II) Oración
universal. La liturgia actual ha impregnado estas fórmulas de oración, del espíritu peculiar del Concilio Vaticano II. Se trata de abarcar el ámbito total de la Iglesia de Cristo y las necesidades de todo el mundo, incluyendo judíos, creyentes e incrédulos, y toda clase de males.
III) Adoración de la
Cruz. El clero y los fieles se van acercando, para adorarlo besándolo, previo signo reverencial. IV) Comunión general. A la Adoración de la Cruz, sucede ahora esta comunión sin Misa, del Viernes santo, para clero y fieles, después de muchos siglos de la práctica contraria. Precisamente para esta comunión se conservó la Reserva del Copón, lleno de hostias sagradas, de la Misa de Jueves santo. Por eso desde el Monumento lleva el diácono el Copón reverentemente al Altar. Con casi los mismos ritos de todas las misas, el celebrante practica el de esta comunión, y la administra al clero y a los fieles. Resuena entonces fervoroso el Padrenuestro y sigue con el "Señor, yo no soy digno". Por eso viene de perlas la bendición y despedida del celebrante en los siguientes términos: Que TU bondad, SEÑOR, descienda con abundancia sobre este pueblo, que ha celebrado la MUERTE de TU HIJO, con la esperanza de SU RESURRECCIÓN. Venga sobre él TU PERDÓN, concédele TU CONSUELO, acrecienta su FE y guíalo a la SALVACIÓN ETERNA. Un AMEN, rotundo, agradecido, debe rubricar cristianamente esta Acción litúrgica excepcionalmente importante.
III.- Sábado santo (El Santo Sepulcro) Del Sábado Santo, el Misal dice solamente lo siguiente, caracterizándolo litúrgicamente: "En este Sábado, la Iglesia se aferra al Sepulcro del Señor, meditando Su Pasión y Muerte, absteniéndose del Sacrificio de la Misa, desnuda la sagrada Mesa; hasta que, pasada la solemne Vigilia o expectación nocturna de la Resurrección, lleguen los goces pascuales, cuya abundancia ha de inundarla durante 50 días". Como se ve, este sábado es singularísimo, sin Misa hasta que, esta noche, resucite Cristo Sacerdote. Luego, los aleluyas pascuales y repiques de campanas nos anunciarán que Cristo resucitó y todos con Él resucitaremos. Hasta ese momento, veneramos el Santo Sepulcro y pedimos la resurrección pascual. Vigilia de Pascua (Culminación del Misterio Pascual) Esta celebración vigilial de la Resurrección del Señor es, en primer lugar, una evocación de lo que prescribe y ritualiza el Éxodo: Esta Noche, en que Yahvé veló para sacar de la tierra de Egipto a los hijos de Israel después de 400 años de cautiverio, debe ser Noche de Vigilia en honor de Yahvé para israelitas por todas las generaciones (Ex 12, 42-49). Así lo practicó Cristo hasta la última Cena. Inaugurar esta Pascua, cristianizada por la Muerte y Resurrección de este mismo Jesucristo para la salvación del mundo, es el objeto inmediato de esta Vigilia litúrgica solemnísima. Es el paso del "santo ayuno" cuaresmal a la fiesta pascual, porque es el Paso triunfante de Cristo Resucitado al Padre, "primicia de todos los muertos". Tradicionalmente la Iglesia asoció a esta Vigilia la administración solemne del bautismo, en que simbólicamente y de hecho se realiza la muerte y sepultura de los hijos de Adán y su regeneración espiritual y divina adopción. Por eso es necesario velar y esperar al Resucitado con las "lámparas encendidas" de la fe y de las buenas obras, y recibir alegres a los nuevos hijos de la Iglesia, comulgando sacramentalmente con ellos. Ritos de esta Vigilia. Son cuatro, desde la más remota antigüedad. Los hemos conocido y celebrado, por mucho tiempo, en horas de la mañana del Sábado. Pío XII los repuso lo más cerca posible del amanecer del domingo, como se practica ahora: a) Rito de la Luz, o lucernario, b) Proclamación de la Palabra, c) Rito bautismal catecumenal, d) Misa vigilial pascual. Lucernario o rito de la luz. Si el tiempo y el lugar se prestan, es muy propio de este rito encender un brasero, bendecir ese fuego nuevo y sacar en seguida de él la luz nueva para el culto. Antiguamente, muchos cristianos solían llevársela también a sus hogares para pascualizarlos, y lo mismo el agua bendita de este sábado. La bendición sacerdotal, le pide a Dios que, "encienda en Su pueblo un deseo tan grande del cielo, durante estas fiestas pascuales, que pueda llegar con corazón limpio a las fiestas de la eternidad". Encendido el Cirio pascual con el fuego nuevo, se le decora simbólicamente grabando en él una cruz, las letras griegas Alfa y Omega, y marcando con cifras en los ángulos, el año en curso. El Sacerdote dice, entretanto: Al grabar las letras y la cruz: Cristo: Ayer y hoy, principio y fin. Al marcar el año: Suyo es el tiempo y la eternidad. A El la gloria, y el poder, por los siglos de los siglos. El Cirio iluminado (Cristo resucitado) representa, en efecto, al Autor y Señor de todas las cosas y Redentor de todos los hombres, por Su Cruz. El rige el tiempo y la eternidad, y es por siempre y por todo glorificado. Para eso se encarnó y murió víctima del amor a los hombres. Procesión: El Cirio pascual, encabezando en seguida la solemne procesión de la Luz, entra en el templo llevado por el Diácono, envuelto en incienso. En sucesivas estaciones y anunciando, cada vez, la Luz de Cristo y saludada por el público, la brinda a la asamblea, empezando por el clero, y ella y el templo quedan convertidos en Luz de Cristo resucitado. Sigue en seguida la apología o pregón pascual y de la Luz. Para eso se coloca el Cirio en el candelabro y se le inciensa, como imagen de Cristo. Así seguirá hasta Pentecostés. El pregón pascual (o "Exúltet" o "Angélica"), cantado solemnemente por el diácono anticipa las maravillas de Cristo Resucitado, Luz verdadera que ilumina a todo hombre (Jn, 1, 9); Sol sin ocaso el de esta Noche "inundada de gracia y de verdad", en que Cristo resucitó del abismo. Noche, por tanto, "clara como el día; Noche santa que ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio y trae la concordia. Noche dichosa en que se une lo humano con lo divino..." Todo eso representará el Cirio pascual y proclamará su llamarada cuando, hasta Pentecostés, se le encienda en las celebraciones litúrgicas, que serán prolongación de esta Noche pascual. Proclamación de la Palabra. Recuérdese que esta Vigilia Pascual era, en la antigüedad, noche clásica para el bautismo de los catecúmenos. Por lo mismo, requería una catequización final solemne con lecturas que recorrían la historia de la salvación. Renovado ahora el catecumenado, cumplirán estas lecturas un papel catequístico, y siempre serán para los bautizados presentes de superior instrucción. Luz santa para los ojos del alma, como ha sido la del Cirio, la Palabra divina será luz y fuerza para corroborar la fe cristiana y la adhesión al Creador y Redentor. Hase de escuchar "en silencio meditativo", aconseja el Celebrante al empezar a leerse en el atril. Son nueve lecturas las que se proponen; siete del A. Testamento, y dos del Nuevo, formando las nueve una unidad. A varias de estas lecturas les sigue un salmo responsorial, y a todas una oración concordante con las mismas. En síntesis: una sesión pedagógica de teología bíblica y de preparación inigualable para los sacramentos pascuales: Bautismo y Eucaristía. Concluida la última lectura del A. Testamento y del salmo responsorial y la oración, se adereza y alumbra el Altar del Sacrificio y se entona alegremente el "Gloria in excelsis" al sonido de las campanas, mudas desde el jueves santo. Comienza la Misa y vuelven jubilosos los aleluyas. Al Evangelio sigue el Rito bautismal, con las Letanías de los Santos, que suplen a la Oración universal ritual. Las Letanías han sido abreviadas en relación al misal preconciliar. Preceden las invocaciones consabidas a la Sma. Trinidad, y concluyen pidiendo "ser librados de todo mal, de todo pecado, de la muerte eterna; por la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo y envío del Espíritu Santo". Liturgia bautismal. El bautismo es el sacramento inicial de la vida cristiana y es pastoralmente edificante el bautismo de catecúmenos en presencia de toda la asamblea que recordará y afianzará el suyo. El agua bautismal es agua natural bendecida. Presenta al Espíritu vivificante "en los orígenes del mundo, cerniéndose sobre las aguas y comunicándoles una virtud santificadora".Si hay bautizandos, se procede al Bautismo. La Renovación de las Promesas bautismales viene, como anillo al dedo, a refrendar la Fe cristiana de los participantes y como a jurar la bandera victoriosa del Rey y Señor Resucitado. Novedad feliz, como coronamiento del rito bautismal y testimonio de fidelidad. Se cierra con la aspersión del agua nueva y el canto del "Vidi aquam" con tres aleluyas. La renovación versa: sobre las renuncias bautismales (a Satanás, a sus obras, a sus seducciones, al pecado); sobre el Credo de la Fe cristiana, a tenor del Símbolo clásico. Liturgia Eucarística: Concluidos los ritos anteriores, desde la bendición del fuego nuevo y del Cirio, hasta este último de las Promesas bautismales, da comienzo el Ofertorio de la Misa pascual. Cristo, nuestra Pascua, viene a inmolarse en el ara del altar como lo hiciera en el Calvario. En los templos benedictinos ha sido tradición bendecir en este momento, el "cordero pascual", para simbolizar al "Cordero de Dios" y evocar al bíblico de la cena legal judía. Presentes en el altar los dones ofertoriales, reza el Sacerdote: "Acepta, Señor, las ofrendas de Tu pueblo, para que la nueva vida que nace de estos sacramentos pascuales, sea, por Tu gracia, prenda de vida eterna". Estamos, pues, en el punto culminante de la Vigilia pascual. Sacerdote y pueblo a porfía levantan sus corazones al cielo para glorificar a Dios, siempre: "pero más que nunca —canta el celebrante— en esta Noche en que CRISTO, nuestra PASCUA, ha sido inmolado. Porque EL es verdadero CORDERO que quitó el pecado del mundo, muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró nuestra vida. Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría. .." Continúa la Misa y la gran comunión general —comunión pascual—. Seguidamente, y como brindis delicioso de banquete, reza el Sacerdote: Derrama, Señor, sobre nosotros TU Espíritu de CARIDAD, para que vivamos siempre unidos en Tu Amor, los que hemos participado en un mismo sacramento pascual. Y con un cuádruple Aleluya de despedida se retira la asamblea, a las primeras horas del domingo de la Resurrección. Cuando las "Marías" del Evangelio iban con los ungüentos al sepulcro para embalsamar el Cuerpo de Jesús, que ya había resucitado. Fuente: Abad Andres Azcárate O.S.B, "La flor de la liturgia renovada" de Ed. Claretiana, Buenos Aires, 1979 |
|