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Un
argumento cada vez más habitual en contra de la religión es señalar lo
irracional que es. Autores como Richard Dawkins (La ilusión de Dios),
Sam Harris (El final de la fe) y Christopher Hitchens (Dios no es
grande) afirman que la esencia irracional de la religión lleva a la
gente a realizar cosas estúpidas, peligrosas y hasta violentas.
Admitámoslo: al menos parcialmente están en lo cierto. Muchas personas
visiblemente religiosas han hecho cosas espantosas en nombre de la religión
y, más importante aún, debido a sus creencias religiosas. En esa larga lista
de abusos se puede incluir a la Inquisición, los juicios a las brujas de
Salem, los ataques a clínicas abortistas.
Sin embargo, al escuchar a estos críticos de la religión, uno pensaría que
eso es todo lo que la religión hace y que creer en Dios necesariamente
significa ser estúpido, ignorante o mentalmente cerrado. Pero ignorar el
simple hecho de que la religión es una de las bases del conocimiento moderno
es en sí mismo, justamente, estúpido, ignorante y mentalmente cerrado.
Por un lado, decir que ser religioso significa ser estúpido es ignorar a
algunas personas muy inteligentes que también fueron creyentes. Reinhold
Niebuhr, el teólogo protestante que escribió extensamente sobre temas
sociales y políticos; Abraham Joshua Heschel, el estudioso judío y activista
de derechos humanos; Dorothy Day, fundadora del movimiento católico de
trabajadores e inveterada escritora, fueron personas profundamente pensantes
y cultas para quienes creer era una parte fundamental en sus vidas. Decir a
alguien que los haya conocido que eran estúpidos seguramente los haría
reírse.
Sus vidas encarnan la visión de San Anselmo de Canterbury, que en el siglo
XI definió a la teología como "fides quaerens intellectum", es decir, la fe
en busca de la comprensión.
Por otro lado, la iglesia cristiana es ampliamente responsable de gran parte
de la tradición erudita del mundo occidental. Como lo sabe la mayoría de los
estudiantes secundarios, uno de los lugares brillantes de la así llamada
Edad Oscura fueron los florecientes monasterios donde los monjes se
dedicaron a resguardar y mantener viva la tradición cultural griega y
romanas sin lo cual el Renacimiento nunca hubiera existido. La Iglesia es
también responsable de muchas de las más antiguas y distinguidas
universidades de Europa.
En Estados Unidos, alrededor de 400 instituciones de altos estudios son
dirigidas por órdenes religiosas, diócesis y otros grupos afines. Sin
mencionar la extensa cadena de escuelas primarias, medias y secundarias que
educaron a grandes oleadas de inmigrantes y continúan educando a miles de
niños de todas las creencias, particularmente en la ciudad.
El corazón del argumento ateo sobre la irracionalidad de la religión es que
es tonto creer en algo que no puede ser demostrado. Por supuesto, no ha
habido nunca una "prueba" racional satisfactoria para la existencia de Dios.
Santo Tomás de Aquino dio al mundo cinco razones diferentes, pero el hecho
de que todavía haya tantos ateos demuestra que no funcionaron.
Pero el problema con el argumento ateo es su premisa. ¿Por qué deberíamos
creer que lo que nuestra razón no puede comprender, no existe? Parece
arrogante. Que nuestra mente no pueda "comprender" a Dios, para utilizar las
palabras de Aristóteles, o que no haya una explicación racional para el
sufrimiento, no significa que Dios no exista. Además, en la experiencia
personal, no racional, es decir, en las emociones, intuiciones, deseos,
anhelos y paz interior, hay muchas "pruebas" de Dios. Tampoco se puede
demostrar el amor; sin embargo, existe.
Por eso, la próxima vez que alguien les diga que ser religioso significa no
tener cerebro, recuérdenles el papel fundamental de la religión en el
conocimiento occidental. Recuérdenles que la misma lógica que ellos atesoran
no existiría si no fuera por los monjes medievales. O recuérdenles que la
teología es fides quaerens intellectum (la fe en busca del
entendimiento). Al menos parecerá inteligente por saber algo de latín.
El autor es un
sacerdote jesuita. Su último libro es A Jesuit Off-Broadway: Center Stage
with Jesus, Judas and Life’s Big Questions
Traducción: María Elena Rey
Fuente: LA
NACIÓN, Diario de Buenos Aires.
Domingo 14 de octubre de 2007
http://www.lanacion.com.ar/952675
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